martes, 21 de noviembre de 2017
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Consumo agroecológico y responsable, nuestra manera de ejercer la soberanía alimentaria

Consumo agroecológico y responsable,
nuestra manera de ejercer la soberanía alimentaria

¿Qué es lo que está pasando con la alimentación, desde la explotación agraria a la mesa (1) y viceversa?

Hay una desconfianza creciente de la población hacia los alimentos que comemos. Los escándalos alimentarios han sacado a la luz y/o cuestionado: 1) los “ingredientes” (dioxinas en los pollos, priones locos en las vacas, antibióticos para el engorde, transgénicos); 2) las formas y condiciones de producción en el campo y en las industrias de transformación (intensificación de cultivos y ganado, forzando a la naturaleza; competitividad entre agricultor@s y empresas para abaratamiento de costes; mano de obra empleada en condiciones de esclavitud en los invernaderos, precarizada en las industrias de transformación y procesado, etc.); 3) las formas de distribución y consumo (concentración y monopolio de empresas transnacionales que controlan producción-distribución-consumo; predominio de grandes superficies que ofrecen gran variedad de alimentos importados a bajo coste y que emplea a jóvenes mediante contratos basura; generalización de restaurantes de comida rápida, tiendas de todo a 100, etc). Esta situación provoca, por un lado que haya una mayor “demanda” de consumo alternativo, ecológico, etc. y, por otro, que se haya abierto una polémica acerca de si podemos considerar alimentos “ecológicos”, si viajan miles de kilómetros, si se venden en grandes superficies, si son promocionados por multinacionales que negocian con los transgénicos, si sólo son para clases pudientes, etc. En definitiva, si no hay que incorporar también otros criterios ecológicos y también sociales.

El control, forma y condiciones con que el capital está operando en la alimentación a nivel mundial, ha generalizado un modelo de producción-distribución-consumo de alimentos, cuyas consecuencias son: 1.- sólo se produce lo que tiene demanda solvente. 2.- enfrenta a productor@s y consumidor@s con intereses contrapuestos y enormemente alejados en una cadena de distribución planetaria. 3.- elimina a l@s campesin@s, reemplazándoles por empresas o sociedades anónimas que concentran la producción y la distribución donde les es más ventajoso para la venta. 4.- convierte a la agricultura y ganadería en una factoría industrial; el oficio y habilidad del agricultor/a y su conocimiento de la naturaleza no tienen el menor valor y han sido sustituidos por producción en serie. 5.- se trata a los animales como máquinas productoras de carne, leche o huevos, con los riesgos ya conocidos de alteración del ciclo natural, la generación de enfermedades como la EEB (vacas locas), dioxinas en los pollos, etc. 6.- se sustituye la calidad de los alimentos por el cumplimiento de la legalidad: informar en las etiquetas, no incorporar productos prohibidos o en dosis no autorizadas. 7.- se viola el derecho a la soberanía alimentaria como “derecho de los pueblos a definir su propia política agraria y alimentaria”, mientras se consolidan las patentes sobre la vida. 8.- se esquilman y privatizan territorios, recursos naturales, agua, suelo, semillas, etc., provocando una contaminación y desertización crecientes que provocan hambre y emigración forzosa.

Los Organismos Modificados Genéticamente, OMGs (transgénicos), las patentes, y las semillas “muertas”, que sintetizan el modelo dominante a escala planetaria de producción-distribución-consumo de alimentos, se proponen como soluciones cuando son exponente y resultado de un modelo de producción, distribución y consumo de alimentos, que se desentiende tanto de las necesidades sociales y ecológicas, como de sus consecuencias actuales y futuras. Un modelo que crece en oposición a los derechos que tiene la población campesina y consumidora a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, a una vida digna y a la propia cultura. Lo único importante para este modelo es que no se interrumpa el ciclo de producción y circulación de las mercancías, que no cese la producción de plusvalor.

Los instrumentos de la globalización

En el área geopolítica a la que pertenecemos, la Unión Europea utiliza como instrumento de la globalización de la agricultura y la alimentación, la Política Agraria Común (PAC). Esta política de “protección” a la agricultura que en el año 2000 ha invertido más de 40.000 millones de euros (6,7 billones de pts), ha impulsado desde su origen en 1958, este modelo de agricultura y consumo, desentendiéndose de las consecuencias sociales, económicas y medioambientales que provoca aquí, pero sobre todo, en los países empobrecidos. De hecho, la compensación por bajada de precios mundiales se ha basado, hasta 1992, en los rendimientos (cobraba más quien más producía) y a partir de entonces, en la superficie o cuota de producción (igualmente recibía más quien más tenía). Por el contrario cada año desaparecen agricultor@s. En el Estado Español desde el ingreso en la UE, han desaparecido más de un millón de explotaciones familiares agrarias. La Via Campesina afirma que “las políticas agrarias de EEUU y la UE están orientadas, a través de los subsidios, a la producción para la exportación. Estas políticas destruyen la soberanía alimentaria, las economías locales, tanto de los países exportadores como importadores. Estados Unidos y Europa deben reducir su producción y ajustarla a sus necesidades”

En el modelo agroalimentario dominante (aunque el 50% de la población mundial sea todavía campesina), la contraposición de intereses distintos y cada vez más enfrentados, entre personas agricultoras y consumidoras dificulta la elaboración de un discurso que integre las necesidades de todas, que vaya a la raíz de los problemas y que permita desarrollar experiencias y espacios reales de economía solidaria y apoyo mutuo.

En definitiva, y sin entrar en las instituciones y regulaciones que potencian esta situación, Organización Mundial del Comercio (OMC), y los tratados de libre comercio, y específicamente en nuestro ámbito, la Unión Europea (UE), y la Política Agraria Común (PAC), este modelo económico y social antepone las “necesidades” de la mercancía alimenticia a las necesidades de las personas que trabajan elaborando alimentos y/o se alimentan con ellos.

Soluciones parciales

Las personas, agricultoras o consumidoras, estamos indefensas en una situación que nos convierte en víctimas y, a la vez, colaboradores eficientes en nuestra faceta de consumidor@s, productor@s, trabajador@s, reclamando intereses diferentes según adoptemos uno u otro papel.

El fraccionamiento de las posiciones, da lugar a planteamientos igualmente parciales e individualistas, al partir de una visión fragmentada que convierte cada solución en parte del problema. De hecho, se presentan soluciones parciales de diverso tipo: a) preservar los derechos de la naturaleza sin atender ni las condiciones en que l@s agricultor@s, viven en los pueblos, trabajan y venden el producto de su trabajo, ni las necesidades de l@s consumidor@s; b) proporcionar alimentos sanos, biológicos, pero no cuestionar el modelo de producción y distribución desentendiéndose, por tanto, de las condiciones de vida de la mayor parte de las personas consumidoras y promoviendo un nicho de mercado biológico de élite; c) soluciones que sólo parten de las necesidades e intereses del sector agrario y profundizan más la brecha entre población agraria y población consumidora, agudizan las dificultades para que haya alimentos sanos y suficientes para toda la población y tampoco garantizan la viabilidad de las explotaciones agrarias familiares o comunitarias, del norte y del sur; d) iniciativas de comercio justo Norte-Sur, que tienen la mejor intención solidaria con campesinos del Sur, pero no dan cuenta de la realidad que afecta a los campesinos del Norte, también en desaparición, además de ignorar el principio de cercanía.


La soberanía alimentaria, como derecho y como política de resistencia

Reclamar la soberanía alimentaria no es una cuestión exclusivamente campesina, sino ciudadana. No sólo porque el modelo alimentario y sus consecuencias económicas, ecológicas y sociales nos afecta a tod@s. También porque ejercer de forma plena la soberanía alimentaria supone reconstruir las relaciones de intercambio en múltiples direcciones: campo-ciudad; campesin@-consumidor/a; autócton@-inmigrante; Norte-Sur; subsidios agrícolas-ayuda alimentaria; generaciones futuras-pobres de hoy; medioambiente según el Norte-agroecología según el Sur. Implica un proceso que se origina en la conciencia de saberse parte interviniente, responsable y solidaria, a la hora de comprar alimentos cada día.

Hay diversos planos en los que explorar el ejercicio de la soberanía alimentaria, según enfoquemos las contradicciones norte-sur, rural-urbano, internacional-local, producción-consumo, suficiencia-salubridad, etc. No es suficiente demandar a los gobiernos que antepongan la soberanía alimentaria al libre comercio. Se precisa también un cambio de actitud ante el consumo propio, asumiendo la responsabilidad de las consecuencias de nuestros hábitos y formas de vida. El mal llamado “subdesarrollo” de los países del Sur es la otra cara de nuestro modelo civilizatorio de consumo. La verdad del señor es su siervo.

Reconstruir esas relaciones supone apostar, no sólo en la teoría sino también en la práctica, por unas relaciones basadas en el intercambio de alimentos suficientes y nutritivos. Alimentos que no se impongan como mercancías a las necesidades de las personas. Desarrollar unas relaciones que no instrumentalicen a ninguna de las partes (pimientos baratos a costa de trabajo esclavo; comida ecológica sólo para “ricos”; tomates todo el año a costa de escasez de agua, desertización y alto consumo energético; oferta variada de alimentos baratos en grandes superficies, a costa de empleos precarios en el Norte, de hambre y expulsión de sus tierras a l@s campesin@s del Sur; subvenciones agrícolas para la exportación, para bajar los precios, para destruir producto, a costa de la desaparición de familias agricultoras, de la salud de tod@s, y de la erosión y contaminación de suelos y aguas, etc.). Es necesario y urgente que se promueva la solidaridad y la responsabilidad en todas las direcciones.



Soberanía alimentaria, desde lo que somos y podemos

Las asociaciones/redes/grupos que en Madrid nos estamos coordinando, llevamos años impulsando, en un terreno real, una experiencia de economía solidaria y apoyo mutuo entre familias rurales y urbanas, entre agricultor@s y consumidor@s ecológic@s; apostando por la construcción de unas relaciones que se basen en el diálogo entre las múltiples necesidades e intereses en juego (producción, consumo y distribución a nuestra pequeña escala) y no en la lógica del mercado.

Asaltodemata, Ecosol, Cantueso, los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs) y Redes somos proyectos distintos que comparten preocupaciones y necesidades, cotidianas pero también ideológicas, aunque esta sea una realidad aún por explorar. Nuestras diferencias están: 1) en el punto de partida o en el acento –más social, más ecológico-, 2) en la forma de organizarnos –asociación, red de grupos o cooperativa-, 3) en la vinculación de las personas consumidoras –reuniones más o menos periódicas, niveles de profesionalización- etc.

Surgimos, en general, de personas preocupadas y más o menos comprometidas en diversos ámbitos: 1)vinculadas al movimiento Antiglobalización; 2) que ya estaban haciendo consumo de comercio justo y/o ecológico individual o colectivo; 3) de proyectos de economía social; 4) de grupos de salud; 5) de asociaciones de vecinos. En general, a raíz de una oferta real de familias agricultoras, ecológicas y/o artesanas, que se plantearon en serio, iniciar una experiencia de comercialización directa, para evitar el monopolio de las grandes cadenas distribuidoras y comerciales.

Las distintas iniciativas hemos realizado en todos estos años, incluso sin ser muy conscientes, una actividad asociativa/real autogestionada, económica, social y antiglobalizadora. Boicot a los transgénicos, a las multinacionales, a las grandes superficies con una compra que evitaba estos productos y estos circuitos de venta. Apoyo a las pequeñas familias agricultoras del medio rural, a la agricultura ecológica -en un concepto más amplio, agroecología- que trabajamos en la práctica incorporando condicionantes sociales a la hora de seleccionar productos y contactos con productor@s, apoyando iniciativas en transformación a ecológico, de ocupación, de trabajo comunitario, de comercio justo, de recuperación de semillas autóctonas, propiciando la mayor cercanía, reciclando envases, asumiendo directamente una parte de los costes de transporte, gestionando una actividad económica basada en el diálogo y el apoyo mutuo más que en el intercambio de equivalentes.

Las distintas iniciativas hemos ido elaborando con nuestra práctica, criterios ecológicos y sociales de selección y apoyo de productores y productos: proximidad, productos de temporada, relaciones laborales y salariales, promover la cooperación entre productores y no la competencia, etc. Y sobretodo hemos ido autoeducándonos colectivamente en la consciencia del consumo “eco-lógico”, adaptando nuestro consumo no sólo a la temporada sino a lo necesario, desde un punto de vista real, objetivo.

Es necesario resaltar que es común a todas las iniciativas el enorme gasto de energía en el mantenimiento y la dinamización de redes de distribución (Grupos de consumo) así como en la solución del problema del transporte, en base a los presupuestos anteriores.

Hemos tenido que ir elaborando progresivamente, más aún en las iniciativas más antiguas, soluciones y formas organizativas nuevas ante los problemas o circunstancias inesperadas, siempre en la medida de nuestras fuerzas, pero con el estímulo de querer continuar: buscar nuevos contactos de agricultor@s que produjeran hortalizas, frutas, ampliar la base de productos y productor@s, siempre insuficiente si queremos una alternativa real a la cesta de la compra, repartiéndonos el trabajo, hacernos cargo de un reparto interno en Madrid, y buscar una solución solidaria y no de mercado de reparto de estos costes; conjugar la fórmula más adecuada para mantener relaciones de no competencia entre productor@s con el mismo tipo de productos.

Como elemento distintivo propio de iniciativas sociales y autogestionadas en las que el impulso y mantenimiento de lo que somos depende de nosotr@s mism@s, hemos tenido que sortear la dificultad de caída de miembros en los proyectos y la socialización de la experiencia aprendida y de las tareas ante las personas nuevas, respetando los ritmos y la voluntad de implicación. Especialmente han sido críticos los momentos de mantener actividad sin productos o con muy pocos o de baja calidad, de mantener grupos muy pequeños y apoyarlos desde los más grandes.

Aunque algunas de las iniciativas de consumo agroecológico nos conocíamos, e incluso colaborábamos juntas de forma puntual, en los últimos meses se ha creado un incipiente espacio que ha permitido converger en esfuerzos a las distintas asociaciones/grupos/redes de consumo agroecológico que voluntariamente nos hemos aproximado.

A pesar de las diferentes trayectorias, compartimos los mismos problemas: ser pocas personas consumidoras y menos las más implicadas, cómo llegar a más gente, cómo mantener el consumo, el transporte a Madrid y la distribución aquí, cómo construimos en lo real el concepto de agroecológico, la tensión entre cantidad, variedad de productos y proximidad, cuál es la escala adecuada que permita gestionar el consumo sin que los costes o los esfuerzos humanos resulten excesivos, etc. Una cosa es crecer hasta ser arrastrados por el tamaño y perder la identidad social y ecológica y otra lo lejos que estamos de la dimensión mínima que permita la supervivencia tanto de la actividad agrícola en condiciones dignas, como de la actividad consumidora que sienta compensados sus esfuerzos, incluyendo cómo garantizar la continuidad y fiabilidad de la distribución mediante una remuneración suficiente y estable. Esta necesidad y nuestra motivación por continuar nos ha impulsado en los últimos meses, a crear un espacio común para resolver problemas concretos, que por separado no tenían salida y cuya solución de colaboración venía de la mano de la cooperación. Este espacio en sí mismo, nos fortalece, y nos ha dado ánimos para buscar nuevos espacios.

Tenemos la necesidad de explicarnos porqué, frente una mayor desconfianza en los alimentos y a una situación que muestra la contraposición de intereses entre las personas que producen esos alimentos y las que los consumen, no surgen, sino de forma marginal y con un montón de dificultades, iniciativas de producción y/o consumo agroecológico que construyan relaciones nuevas, directas, de producción y consumo de alimentos. Porqué tienen estos proyectos que gestionar un montón de problemas para mantenerse vivos.

Aunque existan muchas dificultades, aparentemente son comunes a los distintos grupos/redes/asociaciones de producción y/o consumo agroecológico. Sentimos la necesidad de fomentar espacios de cooperación y diálogo para trascender las limitaciones que tenemos. Hemos experimentado en estos meses que llevamos cooperando que la formulación de los mismos problemas no es la solución pero sí la condición para buscar alternativas para resolverlos.

Esta problemática hace que nos hayamos cuestionado, desde las distintas iniciativas, que tenemos que explorar el desarrollo de esta cooperación en diversos planos: 1) fortaleciendo el apoyo mutuo, la compra y distribución en común, compartir contactos con proveedores; 2) debatiendo sobre las dificultades que tenemos y las formas de solución; 3) buscando otros objetivos comunes posibles: sensibilización, crecimiento, aportación de contenidos de agroecología y consumo a los movimientos sociales, etc.

Algunos de los problemas guardan una tensión interna: 1) sensibilización. A qué gentes llegar evitando que se perciba solamente como una forma de comprar más barato productos ecológicos; 2) el crecimiento constante se convierte, a veces, en la única forma de neutralizar la caída de personas, tanto durante el invierno, como en momentos de crisis de productos; 3) Escaso número de personas que se hacen cargo de aspectos de coordinación con visión de la totalidad, hace difícil ampliar el número de productores y productos, lo que reduciría los esfuerzos excesivos; 4) circulo contradictorio producción-distribución-consumo: necesitamos una producción suficiente en cantidad, calidad y diversidad para que no sean excesivos los costes de transporte, ni los esfuerzos humanos. Eso permitiría ampliar el número de personas consumidoras. Para ello precisamos una distribución más estable de la que hemos tenido hasta ahora; 5) ¿cuál es la apuesta mínima colectiva, para que los esfuerzos de años no se pierdan si se cansan las/los que más involucrados están?

Somos conscientes que el camino que hemos comenzado en Madrid también se está haciendo en otros territorios, e incluso con un recorrido mayor. Es importante, el conocimiento mutuo de todos estos esfuerzos.

Conclusión

Es necesario reconstruir las relaciones económicas entre las personas. Desde el convencimiento de esta necesidad y desde la apuesta colectiva y organizada por un consumo responsable y comprometido con las necesidades de las personas consumidoras y agricultoras, respetuoso con los ciclos ecológicos y las generaciones futuras, pueden armarse soluciones diversas que tengan en cuenta a todas las partes, incluida la distribución. Personas agricultoras queriendo establecer un vínculo con consumidor@s que quieran ver algo más que el producto y el precio. Esa apuesta se lleva haciendo bastante tiempo desde muchos proyectos económicos alternativos. Pero precisa la vocación de transcrecerse de los propios límites que marca el necesario esfuerzo militante y la “identidad propia” para, por un lado, asegurar unas condiciones de viabilidad más allá de un consumo de apuesta política testimonial, y por otro, mostrar a sectores crecientes de la sociedad que “otra forma de alimentarse es posible”.

El conocimiento, la actitud y la responsabilidad ante la compra de alimentos es un acto político, de soberanía alimentaria, tal y como hemos expresado antes. Educar para alimentarse con dignidad y de forma saludable, teniendo en cuenta las consecuencias de nuestra elección, es una tarea necesaria hoy más que nunca. Nosotras, como personas involucradas en asociaciones/redes/cooperativas de consumo agroecológico, consideramos que esta es una aportación real y concreta que podemos compartir con otras personas preocupadas y que se esfuerzan, desde otras dimensiones de lo social (inmigración, salud, educación, feminismo, sindicalismo, entre otras), por construir un mundo más humano y sostenible hacia el futuro. De la mano de ese empeño, pretendemos desarrollar un espacio común de cooperación entre proyectos de agroecología y consumo, para transcrecer nuestros límites y, si es posible, ayudarnos a resolver algunos de los problemas que tenemos, vinculados en general a nuestra pequeña escala y al esfuerzo enorme que hay que hacer para que estos proyectos de economía social continúen andando.

En esa tarea llevamos varios meses sumando, poco a poco, con el horizonte de Sevilla. Pero este proceso queremos que continúe.

Por último recordamos los objetivos que nos trazamos en Marinaleda:

• Llevar la crítica al modelo agroalimentario desde la práctica real, desde una opción alternativa de consumo agroecológico responsable. La construcción de esta forma de consumo surge de proyectos diversos que ponen acento en distintas cosas. Se precisa abrir un espacio de diálogo sobre lo que consideramos que es un consumo agroecológico responsable.
• Construir ese espacio de cooperación, diálogo, de intercambio de experiencias entre proyectos diferentes pero cercanos, unidos en la necesidad de construir esas alianzas en lo concreto.
• Ampliar esa cooperación e intercambio entre territorios.
• Aportar al Foro Social de Agricultura en Murcia, nuestra experiencia, desde la demanda de consumo pero en diálogo solidario con los problemas de la producción y compartiendo con l@s agricultor@s los problemas de la distribución.
• Extender la convocatoria de Murcia, a otros colectivos de producción y/o consumo agroecológico para que se amplíe y fortalezca este espacio de cooperación.
• Compartir nuestras experiencias con otras áreas temáticas fortaleciendo con ello la crítica a la globalización desde contenidos y prácticas concretas.

NOTAS

1 El libro Blanco de la seguridad alimentaria de la Unión europea utiliza esa formulación, de la explotación agraria a la mesa, cuando aborda la implantación de sistemas de seguridad y alerta ante los escándalos alimentarios, habiendo inventado el término trazabilidad (rastrear el origen de los productos), para en caso de alerta.

2 Intervención de Paul Nicholson, Vía Campesina, en el Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria, La Habana, 3-7 septiembre de 2001. Cuba



Junio, 2002
Pilar Galindo, Coordinadora de Grupos de Madrid
 

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