domingo, 24 de septiembre de 2017
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Privatizaciones. Salud. Libertad sindical

La huelga más eficaz en un hospital es la que tiene en cuenta los intereses de l@s enferm@s y familiares, intentando conseguir su comprensión y su colaboración. En lugar de hacerles protestar a la fuerza, por la suciedad que atenta contra su precaria salud y sus derechos humanos, sería deseable que protestaran por los abusos de la contrata contra sus trabajador@s. Que denuncien con nosotras la responsabilidad del Hospital y la degradación de las condiciones laborales y sanitarias que implica la privatización. Sólo conservando viva nuestra conciencia ciudadana cuando nos defendemos como trabajador@s, podemos conseguir que l@s ciudadan@s conserven viva su conciencia de trabajador@s, cuando se ven afectad@s, como ciudadan@s, por un conflicto laboral.

PRIVATIZACION SANITARIA Y CONFLICTIVIDAD EN LOS HOSPITALES.

La proliferación de conflictos en el sensible espacio hospitalario, promovida por la política de privatización de la sanidad pública y la voracidad de las contratas, no parece producir la menor inquietud en los poderes públicos. Los daños colaterales de estos conflictos sobre enferm@s, familiares y trabajador@s de todos los estamentos de la institución hospitalaria, no ponen en cuestión, a pesar de su recurrencia, la legitimidad de las políticas que los originan ni la de los políticos que las impulsan.

Las políticas privatizadoras afectan a los hospitales en diversas formas. Primera: Aún manteniendo la titularidad pública del servicio sanitario, se privatiza la prestación de la totalidad de dicho servicio mediante contrata con una empresa privada, como es el caso de la clínica de La Concepción. Segunda: Privatizando servicios específicos, como es el caso de la limpieza. Tercera: Tratando de transferir a las contratas de limpieza tareas especializadas de asepsia e higiene realizadas, hasta ahora, por estamentos pertenecientes al IMSALUD. Este es el caso de la limpieza del mobiliario clínico quirúrgico, realizado tradicionalmente por las Auxiliares de Clínica, estamento que pertenece al IMSALUD. Cuarta: Convirtiendo la rentabilidad económica en el criterio primordial de la gestión, a costa de la rentabilidad en términos de salud y respeto a los derechos humanos de enfermos y familiares. Aunque se mantenga formalmente la titularidad pública, la aceptación de este criterio desnaturaliza los fines que deben presidir la gestión hospitalaria.

Las diversas formas de privatización sanitaria se legitiman desde una afirmación tan irracional como insostenible: “la gestión privada es mas eficaz que la pública”. Esta afirmación tiene como dogma subyacente la primacía de la empresa privada como administradora racional de los recursos sobre las instituciones públicas, calificadas como burocráticas y derrochadoras. Desde este dogma se facilita, no solo el protagonismo, sino también el libertinaje de las grandes empresas privadas y se condena de antemano la gestión pública democrática. Al aceptar el ideologema de partida, los políticos convierten la profecía en realidad y se constituyen en cómplices necesarios de los continuos atentados que, en nombre de la eficacia económica, se perpetran contra la salud de los ciudadanos y ciudadanas y contra las libertades sindicales y los derechos laborales de l@s trabajador@s de la Sanidad.

En nombre de la competitividad y la eficiencia, las contratas, muchas de ellas multinacionales, entran al asalto de condiciones de trabajo, convenios colectivos, leyes laborales y libertades sindicales. Intentan sustituir las plantillas sindicalizadas por plantillas jóvenes, sin experiencia, que admitan que las cosas en el mercado de trabajo son tal como las plantea la empresa. Personas que piensen que el sindicalismo y la solidaridad son vestigios de un pasado arcaico y antimoderno, que se opone, inútilmente, a un progreso basado en la innovación y la competitividad.

Estos jóvenes, como muchos otros no tan jóvenes, están enajenados por el pensamiento único que convierte la vida en dependiente del beneficio privado, tanto para producir como para consumir, o para ser curados y educados. Obvian, en sus empleos basura, el pequeño detalle de que su vida y la de toda la sociedad, está secuestrada por una función social, los empresarios, que disfrazan su interés particular como interés de toda la sociedad y que obtienen su fuerza de nuestra sumisión, programándonos una vida de deudas, inseguridad y lucha de todos contra todos.

PRIVACION DE DERECHOS Y LIBERTADES A L@S TRABAJADOR@S

Con el debilitamiento y la desaparición de una generación de sindicalistas y trabajador@s, que hace 25 años luchó contra el franquismo e impulso las libertades, se debilitan y decaen dichas libertades. Con ellas, también se debilita y decae la democracia. Las empresas, como lugar de participación social y dedicación la mayor parte de vuestro tiempo de vida, se convierten en un territorio al margen de la ley, sometido a la arbitrariedad y el abuso de las gerencias. Bajo el autoritarismo empresarial, la privación de derechos y libertades fundamentales, como el derecho a la vida y a la salud, produce en España, como consecuencia de la violencia de la relación salarial, un volumen de accidentes y enfermedades laborales cuyas víctimas ascienden a 5.000 personas muertas, heridas graves o lisiadas cada año. Todo ello, con la complicidad de los poderes públicos y de los partidos y sindicatos mayoritarios que, al aceptar la competitividad y la libertad de movimientos del capital como un dato inamovible, convierten en irracional cualquier oposición verdadera a este estado de cosas.

La privación de derechos y garantías jurídicas para la mayoría de la gente trabajadora, es un hecho clamoroso. Como también lo es la exclusión y el miedo que, en nombre de la globalización, producen las políticas precarizadoras y privatizadoras. La globalización económica, igualada al progreso, exige crecimiento económico. El crecimiento exige inversiones. Los inversores exigen garantías de obtener beneficios. Los beneficios se aseguran con la rebaja de costes, el aumento de la productividad y la mejora de la competitividad.

Estas tres cosas exigen el aumento de la explotación del trabajo, la degradación de las condiciones laborales y el desbordamiento, por la vía de los hechos, del marco jurídico que protege al trabajo para, después, legalizar lo ilegal mediante reformas laborales. La reducción de costes exige el retroceso, la privación de derechos y la indefensión de la gente trabajadora. La protección jurídica del trabajo es incumplida por los empresarios y removida, a la baja, por los políticos.

Como complemento, el sindicalismo debe “modernizarse”, es decir, aceptar todo lo anterior. El incumplimiento por parte de los poderes públicos de su deber de tutelar los derechos y libertades de las personas trabajador@s, es condición necesaria para estos atropellos. La coexistencia pacífica del sindicalismo mayoritario con estos desmanes, completa el cuadro. El progreso, basado en la globalización, la precariedad y las privatizaciones, es incompatible con un trabajo digno, con los derechos humanos y con la democracia.

El despliegue de esta lógica requiere la indefensión de sus víctimas. Esta se consigue mediante la incorporación de la mayoría de la izquierda a las propuestas economicistas de la derecha. Con ello, se cancela, en principio, la posibilidad de que lo precarizado se organice contra el orden precarizador y lo interrumpa. La falta de un discurso crítico que explique claramente como funcionan las cosas, desincentiva el apoyo mutuo, la solidaridad y la cooperación entre los de abajo, lo que convierte las constantes luchas de resistencia en episodios aislados, sin capacidad de influir en el orden injusto e ilegal. Al carecer de un lenguaje y una mirada sobre lo general, los conflictos no pasan de acontecimientos puramente resistentes, defensivos y por lo tanto, derrotados de antemano. El papel de los sindicatos mayoritarios en este mecanismo es esencial.

El vacío teórico de las burocracias sindicales, rellenado con la broza ideológica del mercado, la competitividad y la empleabilidad, es la base de la impotencia de millones de trabajador@s. El crecimiento del poder de estas burocracias favorece la corrupción y conduce al aislamiento de sindicalistas y trabajadores comprometidos en procesos de lucha. La derrota, disfrazada de negociación constante a la baja, conlleva la degradación de la militancia sindical de mucha de la mejor gente, en cuanto a experiencia y valor, con el consiguiente ascenso de personas más fácilmente manejables por las empresas.

El ejemplo del sindicato de Actividades Diversas de CCOO en Madrid es paradigmático. Burócratas maduros con una larga trayectoria sindical en la que han tejido lazos con las empresas contratistas de limpieza, muchas de ellas ya en manos de multinacionales. Gente avezada que trabaja por conseguir la hegemonía sindical a cualquier precio para, desde ahí, promocionar sus intereses personales y corporativos a costa de los intereses de las plantillas. Conspiradores y enemigos de cualquier sindicalismo asambleario, combativo y transformador. Activos esquiroles y agentes de la patronal en luchas ejemplares como la de la limpieza del Ramón y Cajal. Corruptos, violentos y amenazadores como en el caso de limpiezas de La Paz, donde acosaron, hasta hacer dimitir, a las dignas trabajador@s que llevaban 20 años siendo elegidas mayoritariamente por sus compañeras. El destrozo político y moral que estas burocracias originan en las plantillas es el caldo de cultivo para que prolifere, como una salida aparentemente racional, el individualismo y la competencia entre l@s trabajador@s. Esta es la condición para la impotencia de la gente de abajo y la ilegalidad impune de los empresarios. En este contexto, las personas precarizadas, en lugar de unirse contra las empresas precarizadoras, se enfrentan entre sí para ganar el favor del poder empresarial y salvarse una a una, lo cual, además de condenable éticamente, es irracional.

EL CONFLICTO DE LIMPIEZAS DEL HOSPITAL RAMON Y CAJAL

Entre los días 23 de Julio y 30 de Octubre de 2002, ambos inclusive, más de trescientas trabajadoras de la limpieza del hospital Ramón y Cajal (R y C), protagonizamos una lucha contra los efectos de la privatización de la Sanidad Pública. Este conflicto, con 120 días de movilizaciones consistió en una huelga peculiar de 60 días, incluyendo 9 días de huelga de hambre que, en su último tramo, contó con 17 personas implicadas. En esta lucha se han hecho patentes muchos de los costes sociales, sanitarios y democráticos que producen las políticas de privatización de los servicios públicos y la persecución de la rentabilidad económica a ultranza.

HICIMOS UNA HUELGA DE HAMBRE porque fuimos privad@s del derecho de ejercer la huelga laboral. Los servicios mínimos de más del 90%, junto con las coacciones a l@s trabajador@s por parte de un piquete de 7 individuos trajeados de la contrata de limpiezas Ferrovial-Eurolimp (F.E) a la que pertenecíamos, acompañados por l@s encargad@s y por dos vigilantes de seguridad, hicieron imposible ejercer ese derecho.

Convocamos la huelga laboral porque F.E. despidió a 10 de l@s 13 integrantes de nuestro comité de empresa, bajo la acusación falsa de impedir que se limpiara el material clínico-quirúrgico del quirófano de traumatología de la 1ª planta del hospital. El comité de empresa en todo momento propició dicha limpieza, pero respetando la higiene y la salud pública y sin menoscabar los derechos laborales y el convenio colectivo de las limpiadoras. Nos despidieron por intentar hacer bien nuestro trabajo, no por negarnos a hacerlo. Con ese despido lo que se impedía, de hecho, era el ejercicio de nuestra libertad sindical, en un largo conflicto que comprometía, tanto al respeto de nuestro convenio colectivo, como a la higiene y desinfección de los quirófanos.

Todos los desórdenes (retrasos en la limpieza de los quirófanos por falta del personal y de la formación necesaria del mismo para dicha limpieza, atentados contra el derecho a la salud de los enfermos y contra los derechos laborales y sindicales de l@s trabajador@s, alteración del orden en el hospital), tuvieron su origen en la política de la contrata F.E. que no estaba dispuesta a respetar ningún compromiso que atentara contra su cuenta de resultados. En el hospital, con la complicidad de la dirección del mismo mandaba Ferrovial.

La forma como nos trató F.E. fue una desmesura. Con la inhibición cómplice del Gerente del Hospital, vulneró nuestro Convenio Colectivo y posteriormente, nos privó de los derechos sindicales que necesitábamos para defendernos. Estas prácticas antidemocráticas son exponente del poder totalitario que ejercen los empresarios. Muestran la creciente transformación de las empresas en espacios al margen de la ley, en los que impera la arbitrariedad patronal. Lo que nos está pasando es el símbolo de la disolución de las libertades democráticas y la indefensión política y jurídica para la mayoría de las personas trabajadoras.

Ante la impunidad de estas políticas, que nos retrotraen a los -viejos buenos tiempos del franquismo- al igual que hacen a veces las personas presas privadas de libertad y de derechos, tuvimos que recurrir a la autoagresión. La Huelga de Hambre, como forma de lucha desmesurada, es proporcional a la desmesura del trato que nos dio tanto F.E. como la dirección del Hospital.

EL PROBLEMA DE FONDO: LA ALIANZA POR LA PRIVATIZACIÓN.

Hay una confluencia de intereses entre la política neoliberal del Partido Popular y la multinacional española Ferrovial, propietaria de Eurolimp, que busca penetrar en el mercado de servicios que ofrece la privatización de la sanidad. Cuando la rentabilidad y la eficiencia económica se ponen por delante, pasan a segundo plano cuestiones como la salud pública, los derechos sociales y las reglas del juego democrático. Las políticas de privatización consisten en poner la eficiencia económica en el puesto de mando. Si F.E. consigue hacer la limpieza más barata ¿a quien le importa que sea a costa de vulnerar el convenio colectivo y la libertad sindical de 300 trabajador@s, de los retrasos en las operaciones y de una limpieza superficial e incompleta que pone en riesgo la salud?.

La globalización económica y las privatizaciones implican la dictadura del negocio sobre los derechos humanos y las libertades civiles. En este caso, nos ha tocado aguantar las embestidas de los ejecutivos de F.E y de un Gerente del Hospital de la misma cuerda. El gobierno del P.P está en la vanguardia europea de las políticas neoliberales de privatización de los servicios y empresas públicas. En particular, la Comunidad de Madrid, se está situando a la cabeza de la privatización de la Sanidad Pública en el Estado Español. La implantación del impuesto de dos céntimos de euro por litro de gasolina para financiar “la mejora” sanitaria en la C.A.M., desde el 1 de agosto de 2002, tiene como objetivo central el impulso de dichas políticas. Pasar de la Red Sanitaria Pública a la Red Sanitaria de UTILIZACIÓN pública.

Con la protección del gerente del hospital, el derecho de Ferrovial a aumentar sus beneficios ha tenido más fuerza que el derecho a la negociación colectiva, la libertad sindical y el derecho de huelga. Una multinacional arrasa con derechos fundamentales de la constitución y el gobierno del PP lo apoya. Son las trabajadoras las que asumen la defensa de los derechos sociales, de la salud de la población y de la democracia.

UNA LUCHA PARADÓJICA.

Hemos hecho una huelga laboral simbólica, aguantando los descuentos salariales y limpiando más que en una situación normal. Pero también hemos hecho una huelga de hambre real. Muchas personas cumplieron nueve días de ayuno, bajo el control del Servicio de Dietética del Hospital. Al defender los derechos y libertades arrasados por las políticas de privatización, nuestra huelga no solo ha sido de trabajador@s sino también de ciudadan@s.

Ha sido una huelga organizada y muy dura. Pero también una explotación de sentimientos, cuidados, afectos, confianza y rearme moral entre nosotras en los que también han participado personas de otros estamentos del hospital. Este movimiento colectivo de autodefensa civil, frente a las políticas privatizadoras de la protección a la salud, es la sustancia de nuestra fuerza. Desde ahí, a pesar del torbellino de agresiones y calumnias, del vergonzoso mutis de las burocracias sindicales mayoritarias y del esquirolaje de sus militantes en el hospital, hemos conseguido romper el silencio.

UNA LUCHA POLI(E)TICA.

Hacer huelga en un hospital significa no limpiar. Eso es malo para la contrata, pero también lo es para muchas personas ajenas al conflicto de intereses entre dicha contrata y su plantilla. Esas personas son sujetos de unos derechos que no deben ser desconsiderados. Al estar enfermos, son especialmente vulnerables. Tanto ellos como sus familias, soportan situaciones dolorosas y de enorme presión. Son los “daños colaterales” de una huelga en un servicio público. Pero más allá de este lenguaje militarista y cínico, si nos interrogamos por la legitimidad ética y social de nuestra lucha, no podemos olvidarles.

Tenerles en cuenta limita nuestros recursos para luchar al no hacer aquello que más presiona a la contrata F.E. y a la Gerencia del Hospital Pero más nos debilita portarnos como aquellos a quienes criticamos, persiguiendo nuestros intereses( en este caso, justos y legítimos), sin reparar en las consecuencias. Si actuamos así, la contrata y el hospital, causantes de todos los desaguisados, consiguen el milagro de desaparecer de la escena. Por el contrario, nosotras aparecemos como personas despiadadas a quienes no les importa más que lo suyo.

Tanto por razones éticas como por razones políticas, debemos revisar nuestras formas de lucha como limpiador@s de un hospital. La mayor debilidad de una lucha es que se convierta en injusta y con ello, pueda ser manipulada por los verdaderos campeones de la injusticia que, desde sus poltronas y sueldos millonarios, planifican nuestra precariedad y diseñan la lucha entre l@s de abajo. Es necesario evitar que quienes desprecian y vulneran cada día los derechos de l@s enferm@s, aparezcan como sus defensores, frente a unas limpiador@s que cumplen rigurosamente con sus obligaciones y se limitan a una huelga defensiva ante los abusos e ilegalidades de la contrata, auspiciadas y consentidas por el gobierno de la C.A.M.

Sin desistir de nuestro derecho a la huelga, debemos reformular su aplicación en un hospital. Si nos comunicamos entre las gentes de los diversos estamentos del Hospital que honestamente, día a día, trabajamos por ganarnos el pan, por el bien de las personas enfermas y por la defensa de la salud, aquellos que nos manipulan y nos enfrentan, buscando su exclusivo beneficio, serán descubiertos. La luz les volverá impotentes como dráculas que, sólo en la sombra, pueden succionar nuestra fuerza para sus estrechos intereses.

La huelga más eficaz en un hospital es la que tiene en cuenta los intereses de l@s enferm@s y familiares, intentando conseguir su comprensión y su colaboración. En lugar de hacerles protestar a la fuerza, por la suciedad que atenta contra su precaria salud y sus derechos humanos, sería deseable que protestaran por los abusos de la contrata contra sus trabajador@s. Que denuncien con nosotras la responsabilidad del Hospital y la degradación de las condiciones laborales y sanitarias que implica la privatización. Sólo conservando viva nuestra conciencia ciudadana cuando nos defendemos como trabajador@s, podemos conseguir que l@s ciudadan@s conserven viva su conciencia de trabajador@s, cuando se ven afectad@s, como ciudadan@s, por un conflicto laboral.

Las políticas de privatización están haciendo mucho daño al derecho a la salud de millones de personas y a los derechos laborales del conjunto de trabajador@s, médicos, ATS, Auxiliares, limpiadoras, etc. Los constantes desórdenes la vida hospitalaria y la represión sobre todos los estamentos están a la orden del día.

Debemos reflexionar sobre el hecho de que la mecánica sindical de huelga en limpiezas, nos enfrenta con quienes deberían ayudarnos frente al enemigo común. Si no lo hacemos estamos contribuyendo a poner a nuestros iguales contra nosotros y al lado de nuestros enemigos. Al actuar así, somos destruidas por el mismo mecanismo que contribuimos a construir con nuestros propios actos. Es muy difícil, pero imprescindible, superar la rutina de ciertas formas de lucha que hemos utilizado duramente muchos años. Esa rutina nos conduce a la destrucción.
Al renunciar voluntariamente a la suciedad en los hospitales, por respeto a los enfermos, nos volvemos débiles porque no creamos problemas a nuestros enemigos. Pero en esa debilidad, tan aparente como real, está la base de la comprensión de los enfermos y de otros estamentos del hospital, agobiados por los mismos problemas que padecemos las limpiadoras. Es decir, en nuestra debilidad está la base de nuestra fuerza. Sin ensuciar no existimos políticamente. Pero ensuciando de forma indiscriminada, morimos política y éticamente.

La grandeza de la POLÍTICA con mayúsculas consiste en salirse de la lógica de todos contra todos. Aunque dicha salida te haga débil a corto plazo. Ensayar la reconciliación entre los de abajo es esencial. Dejar de pensar sólo en las agresiones que sufrimos para pensar, además, en las agresiones que nosotr@s podamos realizar sobre otras personas o colectivos mas vulnerables e indefensas aún que nosotr@s. Dejar de reproducir la lógica y los comportamientos egoístas de los de arriba como condición necesaria para llegar a unir a los de abajo contra los de arriba. La lucha por los intereses particulares a costa de lo que sea: “Negociación o Infección” es la forma de actuar de los de arriba. Paradójicamente, hace aparecer a las empresas, verdaderas culpables de los problemas, como defensoras de los enfermos agredidos por unos huelguistas despiadados, que, en realidad, somos víctimas de la agresión de las empresas. Es evidente que este mecanismo, que se repite una y otra vez en los conflictos, debe ser pensado para encontrar nuevas pautas, ritmos, formas de participación y de comunicación social.

Es necesario un acto fundacional de generosidad e inteligencia. Aunque momentánea y aparentemente, nos debilite. Sin la comprensión de nuestros iguales estamos condenados, aunque ganemos, de antemano. No es lícito ni racional, que un colectivo en lucha, por muy legítima que esta sea, se olvide de las consecuencias de sus acciones. Pero tampoco es lícito ni racional que se sitúe en la impotencia y no sea capaz de castigar a sus enemigos, que son los enemigos de los derechos y la libertades de tod@s nosotr@s, la fuerza de políticos y empresarios proviene, paradójicamente de todos nosotros, por nuestra división y nuestra estrechez de miras.

El 24 de Junio de 2003, el Tribunal Superior de Justicia (T.S.J.) de Madrid, desestimó el Recurso de Suplicación que Ferrovial-Eurolimp (F.E.) interpuso contra la sentencia que el 24 de Octubre de 2002 declaraba nulo el despido de 10 miembros de nuestro comité de empresa. En su sentencia, el Tribunal Superior Justicia (T.S.J.) dice: “.... mantenemos la nulidad de los despidos ... cuyo móvil es antisindical ... al limitarse las actoras a exigir que la limpieza de quirófanos se hiciera en las debidas condiciones...

Esta nueva sentencia favorable, nos dió la razón, una vez más, en todos nuestros argumentos y actuaciones. En un largo proceso de enfrentamiento contra las injusticias, ilegalidades y violencias de F.E., el vínculo entre las 300 limpiadoras y su comité de empresa fué capaz, a lo largo de cinco meses de lucha abierta, no solo de sobreponerse a dichas agresiones, sino también, de salir fortalecido en las elecciones sindicales de Mayo del 2003, con una amplísima mayoría de votos a favor de nuestra candidatura de CGT. De este largo y duro proceso, cabe extraer algunas enseñanzas.

Primera.- Las grandes empresas multinacionales, producto y condición de la globalización económica, acumulan un poder y una libertad de movimientos incompatible con el estado de derecho. Este poder, que aumenta con la dimensión multinacional de las empresas, es enemigo de los derechos sociales, la protección de la salud y las libertades. Con el argumento de que la iniciativa privada es más eficiente, los gobiernos globalizadores entregan a las grandes empresas el cuidado de derechos humanos y libertades civiles. La experiencia demuestra que la única eficiencia que reconocen las empresas es la que les reporta mayores beneficios.

Segunda.- Sin legitimidad, experiencia y cooperación con el Movimiento Antiglobalización, no habríamos llegado a ver esta sentencia. La virulencia antisocial de F.E., consentida por las autoridades sanitarias del PP, al encontrarse con un sindicalismo asambleario y participativo capaz de resistir con su propia fuerza ampliada en el Movimiento Antiglobalización, se ha vuelto en contra de las políticas privatizadoras, poniendo al descubierto la violencia en la que se basan. Con las sentencias judiciales y el nuevo presupuesto, que contempla el aumento de plantilla que pedíamos, queda claro que el daño causado a enfermos, familiares y otros estamentos del hospital, no es imputable a las limpiadoras, sino a F.E. Pero, ante todos estos daños, la readmisión del comité despedido no agota la demanda de justicia. ¿Quién va a responder del incumplimiento de F.E. al no aportar el personal necesario para limpiar adecuadamente los quirófanos? ¿Quién, de entre los responsables del Hospital y de la línea política de mando del IMSALUD en manos del gobierno regional del PP, asume la responsabilidad por consentir estos incumplimientos y por los desordenes consiguientes? Sí todos estos daños quedan impunes, se acredita la inseguridad jurídica de trabajador@s y ciudadan@s frente a la alianza de gobiernos privatizadores y grandes empresas contratistas.

Tercera.- Queda en entredicho la igualdad de tod@s ante la ley, fundamento de una verdadera democracia. Este estado de cosas supone, ante la impunidad de los delincuentes, la incitación a los atentados, por parte de grandes empresas y políticos neoliberales, contra los derechos y libertades del pueblo trabajador.

A modo de epílogo

Tras una gran lucha, conseguimos impedir, al menos momentáneamente, los abusos del enemigo. La hoja en la que comunicamos la noticia a la plantilla, convocándola para una asamblea que estuvo llena de emociones y alegría terminaba con las siguientes consignas:

o POR INDESEABLE Y FASCISTA, FUERA F.E. DEL RAMÓN Y CAJAL Y DE TODOS LOS HOSPITALES. QUE SE LLEVEN A SUS ENCARGAD@S QUE HAN MENTIDO COMO BELLACOS EN EL JUICIO Y A LOS SINDICALISTAS TRAIDORES QUE, DESDE CCOO, HAN ORGANIZADO A LOS ESTÓMAGOS AGRADECIDOS PARA INTENTAR ROMPER NUESTRA UNIDAD. QUE SE VAYAN TOD@S.

o LA LIMPIEZA DEL HOSPITAL Y EL PERSONAL QUE LA REALIZA DEBEN ESTAR INTEGRADOS EN EL HOSPITAL Y NO DEPENDER DE NINGUNA CONTRATA PRIVADA

o EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA: BASTA YA DE PRIVATIZACIONES Y PRECARIEDAD. FUERA LA PROTECCIÓN DE LA SALUD DE LA O.M.C.

o SIN PARARLES AQUÍ Y AHORA: OTRA SANIDAD NO ES POSIBLE. OTRO MUNDO NO ES POSIBLE.

o PARTICIPA EN LAS EXPRESIONES DE ALEGRÍA POR LA EXPULSIÓN DE NUESTRO HOSPITAL DE F.E. Y DE TODA SU BANDA. PARTICIPA EN LAS ACCIONES GENERALES DE PROTESTA CONTRA LA O.M.C. A PARTIR DEL 10 DE SEPTIEMBRE DE 2003.

SECCIÓN SINDICAL DE CGT DE LIMPIEZAS DEL HOSPITAL RAMÓN Y CAJAL DE MADRID.

 

 

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