sábado, 18 de noviembre de 2017
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Globalización económica: Progreso tecnológico, riqueza y redistribución

La tecnología no expropia el saber de l@s trabajador@s porque el saber tecnológico pertenece a un orden de conocimiento distinto a las habilidades productivas de l@s trabajador@s. La función dominante de la tecnología hoy, consiste en imponer a los tiempos y las habilidades de las personas laborantes, los tiempos y el movimiento de unas máquinas y unos procedimientos diseñados para los fines exclusivos y excluyentes del capital. La existencia de intersticios para una utilización no capitalista de la tecnología, no debe hacer perder de vista la exclusión social y la dominación que han producido y hacen posible dicha tecnología, así como su papel en la producción y reproducción del orden excluyente. Fuera del contexto económico, político y social que la produce, una tecnología como Internet sería irracional por muchas aplicaciones positivas que pueda tener. Las nuevas tecnologías están unidas, como la cara a la cruz de una moneda, a las relaciones sociales de explotación y exclusión que las han creado.

La crisis del capitalismo, la liberación de las personas asalariadas, implica la crisis de este modo de trabajo y de las formas de existencia de gran parte de la tecnología actual. Para conseguir una vida mejor para tod@s, el objetivo a perseguir es la crisis del trabajo asalariado actual, incorporado, al igual que la cooperación y los deseos de las personas, al ciclo excluyente del beneficio privado. Las dificultades para realizar la crítica del trabajo asalariado, provienen del hecho peculiar de que el trabajo aparece y funciona como lo que no es. El trabajo asalariado, que es la fuente del valor, de la riqueza de las sociedades capitalistas, se nos muestra invertido, como una función dependiente del capital. Nadie en su sano juicio sostendría la frase: "los trabajadores crean puestos de empresario" cuando en realidad es así. Por el contrario, tod@s coinciden en que "los empresarios crean puestos de trabajo", lo cual se debe, por un lado, al apoderamiento, por parte del capital, de la fuerza viva del trabajo, de los cuidados y de la cooperación social y por otro, a la ocultación de los mecanismos de dicho apoderamiento.

Pretender utilizar las nuevas tecnologías, capaces de producir inmensas riquezas materiales, como la base para la superación de la escasez y la esclavitud del trabajo asalariado, es una manifestación más de la apariencia fetichizada de la riqueza y la tecnología en el capitalismo.

Quienes piden una mayor redistribución de la riqueza como paliativo de la pobreza y la exclusión, olvidan aspectos fundamentales de la naturaleza de dicha riqueza:

a) Su abundancia para los incluidos, proviene del despojo y la ignominia de la mayoría de la humanidad,

b) La fuente de tanta riqueza es, para la mayoría de la gente, una vida dedicada al trabajo asalariado mediante jornadas agotadoras o mediante jornadas discontinuas que, en ambos casos, condicionan radicalmente el tiempo de vida.

c) La vida de la mayoría de las mujeres, dedicada al trabajo de cuidados, constituye una condición necesaria para la enorme producción de riqueza del capitalismo global. Supone una aportación gratuita e invisible a la creación de capital, incrementada con su propia y complementaria explotación laboral, cuando acuden a una segunda jornada como trabajador@s asalariad@s,

d) Sin una moderación voluntaria de deseos consumistas superfluos, la precariedad y el paro como desconexión forzada de millones de personas del modelo fordista de pleno empleo y de acceso a un consumismo opulento, solo genera "nuevos pobres", movilizados furiosa e irracionalmente hacia la improbable e indeseable recuperación de una identidad social basada exclusivamente en producir y consumir mercancías.

Las necesidades básicas de l@s precarizad@s, que constituyen la mayoría de las clases asalariadas en los países del centro, no encuentra satisfacción en el mercado, ni protección por parte de los poderes públicos y la instituciones democráticas. Sin embargo, al expresarse a través de la ideología liberal del sindicalismo socialdemócrata mayoritario, adoptan la forma de una irracional reclamación de los "viejos buenos tiempos" del capitalismo con rostro humano en Europa. Pero olvidan que ese modelo sólo se explica por el auge de las revoluciones obreras, la esquilmación de la naturaleza, el saqueo de los países empobrecidos y la realización obligatoria del trabajo de cuidados, de forma invisible y obligatoria, por parte de las mujeres.

Este apoderamiento semántico y político de la precariedad y la exclusión, por parte de sus causantes que nos proponen salir de ella intensificando las políticas que la producen, impide que la crisis del "capitalismo con rostro humano", máxima expresión de la consolidación del capitalismo en los países del centro, pudiera convertir la exclusión en rebelión. El vacío de rebelión es el vacío de fuerza popular, de impugnación práctica y teórica de la globalización de la precariedad, la soledad y la muerte. Sin fuerza, no se puede transformar la exclusión masiva de fuerza de trabajo, en rebaja generalizada de la jornada laboral; la carencia de lo esencial para la mayoría en condena del consumismo irracional de la minoría; la crisis de los cuidados en la adaptación del tiempo de trabajo asalariado; al tiempo de vida y no del tiempo de vida al tiempo de trabajo asalariado, el despoblamiento del campo y la violencia cultural contra los saberes y las tecnologías campesinas tradicionales en la defensa y promoción de las mismas como productoras de alimentos sanos, respetuosas con el patrimonio biogenético de la tierra, los recursos del entorno, los ciclos de la naturaleza, la distribución en circuitos cortos y el equilibrio territorial y demográfico.

Pedir una mejor distribución de esta riqueza es el mensaje político de la socialdemocracia, dirigido a la progresía consumidora y compasiva. La insolvencia teórica de esta petición, al concentrarse en la circulación de la riqueza, es decir en la superficie del proceso global de producción y reproducción capitalista, olvida la inmensa violencia que contiene el momento de producción de dicha riqueza. La petición de "dinero gratis" y la crítica al trabajo, sin más matices, por parte de una nueva elite de doctorandos y becarios postmaterialistas, que recitan a Negri sin haber leído a Marx, es una forma "epatante" de la misma ideología socialdemócrata que pulula en el interior de los movimientos sociales. Mas allá de su estética radical, su dimensión política principal es la de constituirse en una segunda ó tercera marca de la socialdemocracia para el control de mercado juvenil a la izquierda de las ONGs.

2 CONTRA EL LIBRE COMERCIO

La autodefensa de los países empobrecidos por la soberanía alimentaria frente a los ricos, se expresa a menudo mediante soluciones que, siendo comprensibles, forman parte del problema. La dependencia de los países poco desarrollados no se debe tanto a las subvenciones que reciben los agricultores de los países ricos como a un modelo de agricultura industrializada y productivista, orientada a la exportación. Al pedir la eliminación de esas subvenciones, los pobres no ponen en cuestión su participación en el mismo modelo alimentario que, en los países ricos, es causante de la inseguridad alimentaria por la comida basura y en su propio país, es causante de los monocultivos para la exportación, el hambre, el subdesarrollo y la perpetua dependencia.

Es irracional intentar resolver los problemas de desigualdad, injusticia y hambre causados por la lógica del mercado, mediante más mercado, es decir, más comercio a escala mundial. El mercado no puede ser garante de la seguridad alimentaria y los derechos humanos porque solo entiende de competitividad y beneficios.

La OMC es, precisamente, la institución del capitalismo global destinada a legitimar y desarrollar este funcionamiento, a pesar de sus lamentables consecuencias. Controlada por los países ricos, aplica la más dura doctrina neoliberal a través de una apariencia dialogante. La retórica de conciliar la liberalización del comercio mundial y el desarrollo de los países pobres, es solo propaganda negada por los hechos. La inmensa riqueza de los ricos tiene como condición el hambre de los pobres.

3 TRABAJO, COMIDA Y MOVIMIENTO ANTIGLOBALIZACIÓN

Para producir los bienes y servicios vinculados a la dignidad y la autonomía de todas las personas, es necesario impedir que sea el mercado quien se encargue de ello. La democracia aparece vinculada al libre mercado, pero no hay democracia sin privar políticamente al mercado de su capacidad para violar los derechos humanos, las libertades y las leyes.

El Movimiento contra la Globalización, la Europa del Capital y la Guerra puede ser, a nivel internacional, un cauce de expresión, no solo de los intereses de los trabajadores que defienden un empleo y un salario dignos y de los agricultores que, persiguen un acceso "democrático" a los mercados, sino todos de los que, desde los países ricos y los países pobres, persiguen que el trabajo y la alimentación no estén en manos de los mercados y defienden la igualdad de mujeres y hombres en el empleo y los cuidados, los derechos humanos.
 

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