sábado, 18 de noviembre de 2017
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El movimiento anti globalización en Madrid. El problema de las asambleas

A primeros de 2001 comenzó a trabajar un espacio unitario para la preparación de la contestación a la reunión del Banco Mundial en Barcelona en Junio´01 y también para la reunión del G-7 en Génova en Julio y de la OMC en Qatar en Noviembre de dicho año. En la Semana Santa del 2001, el Movimiento Antimaastrich realizó en Bañolas (Gerona) un seminario estatal de debate y formación, (el año anterior en las mismas fechas lo había hecho en Málaga). De este seminario, por el que pasaron más de 300 personas de todo el Estado, salió una convocatoria de Asamblea Estatal el 7 y 8 de Septiembre de 2001 en Madrid, para debatir acerca de la campaña contra la presidencia española de la U.E. en el primer semestre del 2002.

Esta actividad fue la última iniciativa del Movimiento Antimaastrich (M.A.M), ya inactivo por los cambios en la configuración del espacio político antiglobalización y por sus diferencias internas. Lejos de ser competitiva con la Campaña "Barcelona 2001", pretendía impulsar, con la legitimidad de ser la única red estatal antiglobalización durante los seis años anteriores, un trabajo unitario en el primer semestre del 2002. Sin embargo, fue ignorada por la red Barcelona 2001, dinamizada por un sector de I.U., que la vivió como competitiva. El otro sector de I.U., vinculado con la antigua burocracia del Movimiento Antimaastrich, aprovechó esta circunstancia para convertirla en el espacio unitario antiglobalización del que quedará excluido el sector que llevaba el peso de Barcelona 2001.

Quienes queríamos un espacio político sin exclusiones, sufrimos presiones de todo tipo, pero no cedimos en nuestro esfuerzo. Tras el 11 de Septiembre de 2001 con los atentados en EEUU y la agresión a Afganistán el 7 de Octubre de 2001, comenzó a reunirse una Asamblea con más de cien colectivos que asumió la campaña unitaria contra la guerra. Un contencioso bilateral en el terreno de la solidaridad con Palestina y el Mundo Arabe convirtió esta asamblea en un campo de batalla que fue expulsando colectivos poco a poco. Además, I.U. de Madrid, disconforme con la hegemonía de un espacio unitario social que defendía: "OTAN NO. BASES FUERA" y que se negaba a colocar la condena al terrorismo en el primer lugar, rompió la unidad y convocó manifestaciones con el apoyo de la izquierda globalizadora y algunos de los colectivos que luego le ayudaron a montar el Foro Social de Madrid.

Al mismo tiempo que la Asamblea de Colectivos "Paremos la Guerra", se reunían los mismos colectivos en la Asamblea U.E.´02, incluyendo a los sectores de la ya finalizada campaña Barcelona 2001.

Se decidió, por fin en Madrid, acudir unidos a la Asamblea Estatal de Zaragoza en Noviembre´01 para impulsar un trabajo estatal unitario durante la presidencia española de la U.E. el primer semestre de 2002. Pero este acuerdo fue boicoteado por uno de los sectores de I.U., lo cual dificultó gravemente los trabajos de la Asamblea (Areas Temáticas, Grupo sobre la Guerra, Plenario) estando a punto de impedir que llegáramos a ninguna conclusión respecto a la campaña U.E.´02. Finalmente se consiguió "in extremis", suscribir un acuerdo de lemas y contracumbres. En Madrid, la violación del acuerdo de unificación UE´02-Plataforma Paremos la Guerra, creó un vacío de espacio antiglobalización unitario. Por otro lado, la "Plataforma Paremos la Guerra", obviando el problema político de fondo, dedicó sus esfuerzos a organizar charlas - debate durante el primer semestre de 2002.

El vacío fue llenado por una de las Areas Temáticas (Solidaridad con América Latina), en base a la contracumbre de Mayo contra la reunión en Madrid de Jefes de Estado y Gobierno de la U.E. y América Latina. Esta área impulso el F.S.T. (Foro Social Transatlántico), referente unitario de Madrid, pero no relacionándose en condiciones de igualdad con el resto de las Areas Temáticas, sino pidiendo de ellas solo el apoyo a las tareas de la contracumbre. Las Areas Temáticas, que tienen un trabajo social antiglobalización real, con la participación de diversos colectivos en cada una de ellas (Libertades, Educación - Menores, Agroecología - Consumo responsable, Movimiento Obrero y Derechos Sociales, etc), aunque disconformes con esta situación, se conectaron a los distintos recipientes o comisiones de trabajo del Foro Social Trasatlántico.

Los colectivos de las Areas Temáticas participaron muy activamente en los espacios de debate y en las movilizaciones de esta contracumbre, pero no en las estructuras organizativas del F.S.T. donde se libró una dura batalla por su control. Cuando acabó la contracumbre, las Areas Temáticas que se habían conectado al F.S.T., se desconectaron, continuando con su trabajo, que nunca habían abandonado. Como el F.S.T. consiguió movilizaciones con el esfuerzo de todos, los que se habían apoderado de la representación, incluido el sector de I.U. enemigo de estabilizar ninguna estructura, intentaron prolongar algo que ya era sólo un nombre como forma política del movimiento antiglobalización en Madrid.

Para mayor confusión, en los meses anteriores a la contracumbre de Mayo´02, se fundó el Foro Social de Madrid. Al igual que el Foro Social de Barcelona, éste es un espacio de la izquierda institucional: I.U. Madrid, CCOO, UGT, USO, ATTAC, en un principio Ecologistas en Acción, aunque posteriormente se retiraron diversas ONGs de la periferia de la socialdemócrata.

El sector de I.U. que se había opuesto radicalmente a un espacio común asambleario estable para el movimiento antiglobalización, entró, a través de los grupos en los que participa, en el Foro Social de Madrid, estructura estable, institucional y divisionista. Ha fracasado el intento de construir un espacio antiglobalización de los movimientos sociales, no contra el Foro Social de Madrid, sino independiente de él. No para luchar contra el Foro Social de Madrid sino para poder hacer unidad de acción con él sin disolvernos en él. El Foro Social es la expresión política de las clases medias progres consumidoras globales y creyentes en el progreso tecnológico, que constituyen la base social de la izquierda clásica. Sin embargo, las tradiciones de lucha de la izquierda de Madrid y las múltiples contradicciones económicas, culturales, políticas y estéticas con el gobierno de extrema derecha que disfrutamos en España y en el mundo, abren espacios de cooperación necesarios y posibles entre los nuevos sectores de la izquierda político social y amplias capas encuadradas por la izquierda institucional.

El problema del movimiento antiglobalización no es tanto el Foro Social, sino nuestra incapacidad para construir una forma política capaz de actuar de forma unitaria, flexible y autónoma.

El peor enemigo para esta tarea no han sido las organizaciones de la izquierda tradicional, sino la familia de I.U. que actúa como "gozne" y hace méritos con los grandes patronos del Foro Social, impidiendo la constitución política autónoma del movimiento Antiglobalización en Madrid y de paso, en el Estado. Un sector que apuesta por todas las iniciativas que impidan la construcción del movimiento desde abajo, de forma unitaria y plural, aún a costa de decir hoy una cosa y mañana la contraria, según sus intereses de coyuntura.

También cabe destacar como un obstáculo la coalición de media docena de militantes desterritorializados, promotores de la "red anticapitalista", cuya única actividad es el mantenimiento, bajo diversas formas y alianzas, de una estructura dispuesta a posarse sobre cualquier espacio antiglobalización que se mueva.Una especie de estructura especializada en contracumbres y campañas. De realizaciones sociales prácticas y teóricas desconocidas. Usuarios instrumentales de siglas de diverso tipo. Desconocidos hace dos años.

Esto no es nuevo. En los últimos dos años del Movimiento Antimaastrich, fue imposible superar un grupo parecido que ocupó, desde la Comisión Internacional de Ecologistas en Acción, la secretaria de dicho movimiento. Lo preocupante en la actualidad, es el comportamiento antidemocrático y totalitario que observan, el trato agresivo de algunos de sus miembros en las asambleas, a las que bloquean mediante el procedimiento de apuntarse varias veces cada uno de ellos y el acoso a quien les contradice. Este grupúsculo tiene en su haber, junto con otros, la destrucción del espacio antiglobalización y antiguerra de Madrid a finales de 2001 y la coacción sobre las Asambleas del F.S.T. y algunos de sus recipientes. Impedir un día que una asamblea delibere sobre los temas previstos puede ser un error. Hacerlo como modo de actuación habitual es una agresión y un sabotaje.

Calumniar y descalificar a militantes, colectivos y áreas temáticas que, a diferencia de ellos, cuentan con una historia de realizaciones prácticas y teóricas de muchos años, es un acto de provocación. En el desquiciado espacio de los movimientos sociales en Madrid, nada parece importar nada. Las alianzas sin principios para situarse en las estructuras vanidosas (vanas, vacías) se crean y se destruyen constantemente. No hay acumulación de experiencia, autocrítica, deliberación. Quien ha protagonizado la voladura de un ensayo social de acumulación de fuerza popular, puede reaparecer en escena con una nueva mercancía en forma de campaña, de franquicia internacional, de una nueva modalidad de espectáculo, o de estimulante experimentación juvenil en espacios burocráticos controlados por la socialdemocracia. La conjura de los necios de no plantear los problemas para no ser atacado, es una ley autoritaria que borra el pasado. Quien se atreva a hablar de procesos, de comportamientos o de balance, no para descalificar, sino para clarificar, debatir, comprender, rectificar, rompe la conjura y se convierte en agresor.

Sin embargo, es imprescindible poner palabras a los acontecimientos, hacer relatos que nos expliquen, para superarlos, la brutalidad y la destrucción que imperan en el movimiento antiglobalización. Es necesario hacerlo, no para tener razón, sino para mostrar con claridad una opinión que sirva para el debate sobre los problemas que nos convierten en impotentes y deslindar con claridad los campos, cosa que, al no ser posible hasta ahora, nos condena a la repetición de los errores y garantiza la impunidad de narcisistas, ingenieros y saboteadores.

EL PROBLEMA DE LAS ASAMBLEAS

Los espacios comunes no pueden ser utilizados como campo de batalla para contenciosos bilaterales o sectoriales. Intentar ganar para las propias posiciones a un auditorio indefenso, incapaz de tomar partido en una disputa particular, porque carece de los elementos de juicio necesarios, es un abuso. Forzar la discusión de un tema no previsto y generar una dialéctica de confrontación en un colectivo numeroso y plural reunido para otros fines, constituye un acto de autoritarismo, de subordinación del todo a una de sus partes y de secuestro de la autodeterminación de una Asamblea. Insistir una y otra vez, en una propuesta o en una opinión, repitiendo los mismos argumentos y sobre todo, hacerlo de manera organizada por varias personas, es un ataque al funcionamiento de la Asamblea. Con la retórica de defender las Asambleas se puede, tal como hemos comprobado dolorosamente, destruir las Asambleas.

Participar como militante individual en las estructuras de coordinación o en Asambleas territoriales, sin realizar más tarea social que esta actividad parlamentaria, se revela aquí y ahora como algo inadecuado. Cuando abundan en una asamblea los militantes individuales que se socializan directamente en ella y los propietarios de franquicias, normalmente internacionales, que al no tener absolutamente nada detrás, nos necesitan a los demás como "sus masas", se produce una confluencia de intereses entre estos individuos y los "ingenieros" que se constituyen en "gozne" entre la izquierda institucional y el caótico mundillo de los colectivos sociales. Este grumo burocrático, no solo pasa olímpicamente de la dificultad de unir de palabra y de obra el trabajo reivindicativo y social con el anticapitalismo global, sino que no está dispuesto a que tonterías como las Areas Temáticas, las plataformas territoriales o los colectivos, expresen sus experiencias, porque estas estructuras de participación social, solo "les dan risa". A ellos solo les interesan aquellas actividades que conocen, que son "los circos" en los que ellos están a la cabeza. Estos "circos" son actividades necesarias para el movimiento, pero resultan degradadas al pretender imponerlas sobre el trabajo cotidiano de intervención social. Sin resolver este problema, NUNCA podremos crecer incorporando centenares de colectivos que hacen el trabajo antiglobalización de base y que, espantados por la brutalidad de estos burócratas y por las luchas partidistas en las asambleas, se retiran con la convicción de no volver más a los espacios comunes.

Las Asambleas de territorio deberían ser Asambleas de personas que participan en colectivos, áreas temáticas o redes territoriales. Abiertas, pero garantes del tiempo de expresión y debate para quienes vienen en representación de colectivos. Quien no representa más opinión que la suya propia, no tiene derecho a arrebatar el tiempo de los representantes de colectivos. El mayor atentado al funcionamiento asambleario se sustenta en el igualitarismo absoluto que otorga los mismos derechos a quien tiene como única aportación sus opiniones personales que a quien representa con sus opiniones una actividad social y unos acuerdos expresamente debatidos sobre los temas objeto de la Asamblea. La democracia radical exige conocimiento y transparencia. Eso tiene que ver, no solo con conocer lo que se dice, sino también con conocer a quien lo dice. Sin esa transparencia, que se construye poco a poco, las asambleas, sobre todo estas asambleas sin territorio, ni trayectoria, ni memoria, son, como se demuestra, una experiencia brutal, violenta, donde las actitudes más impresentables se ejecutan impunemente una y otra vez.

En momentos álgidos, las Asambleas son una maquinaria organizativa necesaria para encuadrar oleadas de nuevos militantes. Pero, para poder funcionar de forma productiva y no caer en el espontaneísmo o las provocaciones, deben estar articuladas por un número de colectivos vinculados por la confianza, construída en una trayectoria común y que ejerzan un reconocido liderazgo sobre la mayoría. En la situación actual no se da ninguna de estas circunstancias. El liderazgo puede caer en las manos más irresponsables. Manteniéndolas abiertas, debemos poner el acento en la representatividad de actividades verdaderas como criterio principal de asistencia a las Asambleas.

Es comprensible que esta idea escandalice a quien solo puede ofrecer sus viajes de turismo de guerra o su "recorta, pega y envía" por Internet. El centro de gravedad de los espacios asamblearios, deberían ser los colectivos y las actividades sociales que éstos representan y no el espacio mismo. Se trata de que crezca el movimiento social, no el espacio. El espacio, la Asamblea, el MAG, no crecerá sin que lo hagan sus partes constitutivas. Solo los burócratas confunden una forma, la Asamblea, con su contenido, las actividades sociales, que la constituyen en una forma política de la sociedad.

Los "ingenieros gozne" no lo confunden, pero saben que impidiendo la constitución y el funcionamiento democrático y plural de la Asamblea, impiden las sinergias, el apoyo mutuo y la acumulación de fuerza necesaria para que crezca el trabajo social antiglobalización de los colectivos y con ello, el movimiento autónomo, independiente de la izquierda globalizadora, a la que miran de reojo esperando aprobación. Hay una coincidencia entre los propósitos de quienes tienen como tarea impedir que crezca el movimiento autónomo y los burócratas asamblearios.
 

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