sábado, 18 de noviembre de 2017
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Antes y después del 11 S. La Bolivia que yo viví o cómo respirar en una cámara de gas

“Esta es una región del mundo gravemente enferma de bobería y copianditis. Desde hace cinco siglos, está entrenada para escupir al espejo: para ignorar y despreciar lo mejor de sí misma.
La historia real de América Latina y de América toda es una asombrosa fuente de dignidad y de belleza; pero la dignidad y la belleza, hermanas siamesas de la humillación y el horror, rara vez asoman en la historia oficial. Los vencedores, que justifican sus privilegios por el derecho de herencia, imponen su propia memoria como memoria única y obligatoria. La historia oficial, vitrina donde el sistema exhibe sus viejos disfraces, miente por lo que dice y más miente por lo que calla. Este desfile de héroes enmascarados reduce nuestra deslumbrante realidad al enano espectáculo de la victoria de los ricos, los blancos, los machos y los militares”.

Eduardo Galeano


Hacía sólo un año que no regresaba a Bolivia. De lo que sucede en este país de suelo riquísimo hay que saber por las noticias que envían quienes “patean” diariamente el barro de su empobrecimiento. Sí, porque los últimos quince años han sido para los países de América Latina y muy en particular para Bolivia, tiempos de “cambios profundos”. A Bolivia se le ha modificado de modo sustancial su estructura social y económica, su régimen político y hasta las formas ideológicas. Esas formas de organizarse que la sociedad en su entraña va dibujando día a día para sobrevivir. Para imaginar su futuro y su presente; para relatar su pasado. Pero estos cambios en Bolivia han causado golpes enormes, han provocado efectos perversos y sus repercusiones se advierten en los grandes conflictos sociales, en el crecimiento de la pobreza, del empobrecimiento y la marginalidad de la mayoría de sus ciudadanos y ciudadanas, que casi ya ni lo son, porque sus derechos y sus necesidades humanas son fantasmas que recorren un sueño imposible. Se han agravado las desigualdades, cada vez sus hijas e hijos más pequeños vagan con mayor desolación solitaria por las calles solitarias...

A la par, el poder del dinero se ha seguido concentrando en menos manos. La economía nacional ha sido puesta a disposición de las multinacionales bajo el acicate de la urgencia de capitales subastadas las empresas estatales a precios ridículos y el llamado aparato estatal ha inventado un lenguaje extraño, difícil de comprender incluso por los especialistas, una especie de ingeniería perversa de lo jurídico para facilitar, eso sí, que el capital extranjero campe a sus anchas sin un Estado que lo contemple. Política que avanza cancerosa –si miramos desde la mirada del ochenta y cinco por ciento del pueblo boliviano- bajo los auspicios y la presión de los organismos de financiamiento y control universal, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial. Una política que avanza al ritmo perversamente mecánico de las multinacionales que manipulan a su antojo la economía mundial.

Al proceso de globalización algunos bolivianos y bolivianas lo llaman globalitarismo. Y es que los gobernantes, en su pretendido afán de modernizar la sociedad boliviana y su Estado, con el pretexto de globalización e inserción en el nuevo espectro internacional, aplican políticas depredadoras a ultranza, entregan los riquísimos recursos naturales, servicios, propiedad de la tierra, divisas, recursos humanos, sobre todo recursos humanos e incluso los ahorros bolivianos a las empresas de afuera, comprometiendo el porvenir de lo más hermoso de esta tierra de contrastes: los que la habitan y la siguen haciendo posible. En Bolivia, quizás experimento de avanzadilla del capital más inhumano, se encuentran los aplicadores más eficientes del proceso global del dinero bestial que sólo se busca y se reproduce a sí mismo, impasible ante el sufrimiento de su masa social, devorando además a quienes han tenido el coraje de expresar su oposición a esta barbarie multitudinaria y doliente.

De arriba abajo
Recuerdo bien mis primeras impresiones de El Alto. Aquí arriba, de frente, en la Ceja, “la seha”, cruce de caminos del altiplano y cruce también de pequeños microbuses -“movilidades”- que se agolpan en un caos ordenado, el sol abrasa duro y el frío se cuela hasta la entraña. De dentro de las movilidades asoman los chicos voceadores que por cuatro pesos de supervivencia te anuncian el destino a corto plazo del viaje próximo. En la Ceja están también las cholas, -dícese de la mestiza de sangre occidental e indígena-, esas miles de mujeres encorvadas por el duro sinvivir del intento de vender al por menor lo de dentro del aguayo camino a la ciudad de abajo, La Paz. El aguayo, ese tejido rectangular confeccionado en el telar aymara “sawu”. Y cargan sus objetos y cargan a sus hijos, a sus hijas. Asoman sus caritas al frío gélido del altiplano. Estas cholas modernas, mujeres aymaras de mirada tímida y curtidas por el duro trabajo de sol a sol. Su vestido es un testimonio de ayer y de hoy. Un testimonio vivo de las primeras capitalizaciones de la España imperial. Andan a pasitos cortos y miran hacia abajo. Les duele el cuerpo que más que andar, les pesa. Y allí van... hacia la superviviencia de la calle, rostros del gran mercado callejero de La Paz.

Y si te ven extranjero, el precio de sus mercancías se verá aumentado como un plus de compensación. De rodillas o en cuclillas se las puede ver en la acera de la ciudad. Debajo del borsalino les nacen dos largas trenzas que reposan sobre la pollera. Las dos largas trenzas que por orden del virrey Toledo les fue impuesto: el peinado partido al medio para distinguir a las indias de las mestizas y españolas. Yo las imagino orgullosas de sus prendas. Al mediodía humean por los rincones del centro de La Paz sus sopas de choclo, humea el maíz y humea la papa chica y arrugada, el chuño. Y allí están ajenas y orgullosas de sombrero negro y fieltro, el borsalino, la prenda que se impuso en el gusto de la mujer aymara durante los primero años del siglo XX. Historia verosímil la que cuenta que su popularización comenzó a causa de una remesa equivocada de sombreros hongos masculinos a La Paz y que el revendedor, que no quería pérdidas, consiguió engatusar a las indias aymaras con la promesa de que su uso garantizaba fertilidad. E hijos e hijas tienen, a montón. Sea como fuere, ahí están, agachadas para vender... con el orgullo y la sonrisa de su raza. Con el asentimiento de quien no ha conocido otro horizonte. Muchas de ellas se saben más pobres que antes de ayer, porque entre los surcos de las palmas de sus manos, los pesos bolivianos cada vez valen menos.

Del otro lado de la realidad, el Instituto Nacional de Estadística vocea sus datos: mejoran las cifras del crecimiento, pero no la suerte del pueblo. La tasa de crecimiento de la economía de los primeros meses del 2002 es del orden del 2,89 por ciento, una cifra casi idéntica a la del crecimiento poblacional, por lo que su impacto en el bienestar de la población es nulo. En lo que va de 2002, la gente que sobrevive en los márgenes de lo tolerable está peor que en el 2001, no sólo porque el crecimiento económico sea demasiado modesto, sino también porque los frutos de esa mayor actividad económica se distribuyen de desigual manera entre la población. Bolivia crece cada año en un 2,74 por ciento, al igual que sus necesidades de alimentación, empleo, educación y salud.

Por ello, para que no se deterioren sus condiciones de vida, la economía debería crecer anualmente por lo menos en esa misma proporción y sus beneficios deberían distribuirse en forma equitativa. Caso contrario, la población vive en peores condiciones que antes. Mañana es sólo un paso atrás en la dignidad cotidiana de acercarse a adquirir la comida con la platita suficiente.

Un despertar de bofetada del mundo de la esperanza y el sueño. Y esto es lo que ocurre en Bolivia desde hace décadas. Los datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que el crecimiento de la economía boliviana está sustentado en forma creciente en los sectores que cuentan con inversión extranjera, como los hidrocarburos, telecomunicaciones y energía, lo que beneficia a segmentos muy reducidos de la población. Otros sectores que han comenzado a recuperarse son los orientados hacia la exportación, como la minería, la industria agropecuaria comercial del oriente amazónico y sudoroso de selva. Pero la industria manufacturera, la agropecuaria campesina, el comercio... permanecen en el estancamiento y la regresión y es en estas actividades donde se concentra la mayor parte de la población que día a día ve deteriorarse su nivel de vida, su grado de supervivencia, su futuro, sus sueños de dignidad.

De abajo arriba

Burrito y Chileno suben de La Paz a El Alto. Cargados con sus cajitas de lustrabotas de frente de las paredes del cementerio. No les ha ido muy bien. Catorce pesos que se quedan en once porque hay que subir al proyecto que les da cobijo para unas noches calientes, una comida que humea y que ellos mismos han de preparar para poder construir juntos un futuro fuera del espacio del alcohol de “90” que les soporta el frío pero les destroza el hígado. Burrito ha estado dos semanas más allá que acá. Se le fueron las ganas. Las de comer y las de vivir. Reventó las posibilidades estadísticas de la superviviencia cuando los médicos echaron un vistazo por entre sus “números sanguíneos”. Pero aquí está. Acá sigue.

-¡Ya no somos solitarios! –se dicen el uno al otro mientras suben en la movilidad hacia El Alto.

Solitarios es una palabra-definición que se puede leer en las paredes: dos o tres cuadras alrededor del hábitat de estos seres humanos acostumbrados a la más dura de las hazañas: la supervivencia de la niñez abandonada. Y no son solitarios porque una mujer se empeñó hace tres años ahorita, en acompañarles para, juntos, iniciar una remontada digna de la más esforzada esperanza. Han construido un hoy digno, hecho de tiempo compartido. Han fabricado un espejo social para quien quiera echar un vistazo. Doris se llama ella. Acostumbrada a luchar por dignificar las condiciones de vida de los presos de las cárceles de San Pedro y Chonchocoro, un buen día fijó su mirada en los lustrabotas de la gasolinera de enfrente del cementerio. Los vio juntos de frío y cepillo, de cajita de madera y grasa negra de lustrar, la grasa que “decora” sus manos. Ella recorría dentro de las movilidades los barrios de La Paz, los que van de prisión en prisión.

Se bajó cuando una mirada cruzó la de Dani, uno de los miles de hijos de la calle que andaba medio muerto cuando aquello. Se agarró a la compañía de Doris como quien se agarra a un sueño. Y del sueño al relato y del relato a la palabra y de la palabra al relato común y del relato común a la posibilidad de crecer. Y creerse que juntos pueden algo y que desde la nada se puede zurcir un camino. Fueron muchos días en los que Dani y Doris fueron dando vida a la posibilidad de comprar un terrenito allá arriba. Con el apoyo de algunos y algunas que creyeron lo mismo, compraron un terrenito en El Alto. Y fueron construyendo. Primero se les impuso la necesidad de hacer una casita para que los chicos, los “solitarios”, los catorce numerarios de la mara de la gasolinera que habían compartido frío, alcohol, clefa y varios entierros de muerte y llanto, pudiesen dormir en colchón y calor. Buscaron ayuda y la encontraron en un recién salido de San Pedro, esa prisión atroz del centro de La Paz, donde se hacinan los caídos por la ley y el desorden del brutal ejercicio del poder que encierra el sistema penitenciario boliviano. Este hombre sabía de las cosas de albañilería y alguito más. Subían a ayudarle después una vez que acababa su jornada de trabajo, su jornada de “lustre”. Rápidamente, Doris y Dani se dieron cuenta de que era mejor que ellos mismos, los lustras, abonaran los tres pesos del transporte. Eso les hacía aún más costoso –por la importancia de sentirse parte de un proyecto donde les va la vida- el viaje. Pero merecía la pena. Doris reconoció pronto lo crucial de entrelazar procesos de conocimiento y compaña. Conocía a alguna gente de dentro de la cárcel que valoraba con exactitud humana la importancia de echar una mano a estos hijos de nadie.

Este hombre ex preso, albañil y mucho más, fue construyendo la casa que hoy alberga a diez lustrabotas. Y se ha unido de a poco más gente, voluntarios y voluntarias. Y ahora tienen agua y otro local donde estudian y comparten preguntas sobre lo que les pasa y se puede distinguir ya lo que van a ser las duchas y los servicios.

Y estos lustrabotas no quieren saber de proyectos impuestos, muy al uso de algunas ONGs. Algunos de los chicos han pasado por esos proyectos de fuera que les imponen horarios y deberes para ser “hombres del mañana”. Quieren construir ellos y sentirse parte activa de todas las decisiones. Y Doris y Dani lo saben y van ganándose autoridad a base de compañía y tiempo.

- ¡Que curioso...! comenta este albañil salido de la caverna oscura de San Pedro, la cárcel. Entré por decisión de una autoridad (la Ley 1008), estoy aquí lleno de yeso por decisión de otra autoridad, la de la amistad compartida con Doris y Dani. Empezó a hablarme de la Ley 1008 de los legisladores. Me habló de que hace más de 27 siglos el legislador griego Dracón elaboró un código legal, cuyo excesivo rigor en las penas le hizo célebre porque castigaba acciones leves con sanciones drásticas. Y ante la agudización de las contradicciones sociales internas en la Grecia antigua había aconsejado a los gobernantes de entonces la elaboración de normas jurídicas destinadas a castigar la proliferación de conductas antisociales. Esta fue la ocasión en la que apareció la figura de Dracón, cuya virtud ha sido la de proporcionar leyes iguales para todos, impidiendo que las clases dominantes se sirvieran de la interpretación arbitraria del derecho tradicional en beneficio de sus propios intereses. Pero a pesar de los buenos propósitos de Dracón, sus normas fueron derogadas debido a las inconveniencias encontradas por las clases privilegiadas y además, por su extrema severidad, que precisamente impedía una aplicación funcional dentro de una sociedad conflictuada.
Y como tomando carrerilla, a la par que recorría el empedrado cargado de yeso y cal, continuó:
- Esta alusión que te hago a los legisladores de la antigua Grecia es el punto de partida para analizar la tristemente célebre Ley 1008, tan cuestionada que ahora como tema fantasma recorre los pasillos de San Pedro. Allí dentro hay cientos de caídos por la 1008. Se busca, dicen, solución en la lucha contra el tráfico de drogas. Una ley que atenta contra los derechos humanos, por sus desfases procedimentales, por la celeridad en meter a un hombre o una mujer en la cárcel por el hecho de la simple tenencia de droga, por las violaciones a las garantías Constitucionales, por la confusión entre coca y cocaína, por ...
Es un código de violencia organizada desde el Estado y asignada a un superorganismo sin responsabilidad alguna y que está causando tremendas injusticias, irreparables daños morales y económicos, abusos incalificables y estructurando sistemas de corrupción y formas de desinformación aberrantes. Y todo esto porque los hacedores de la economía, las multinacionales, y algunos de sus defensores, juristas bien pagados por los Estados creen que el remedio para una sociedad conflictuada es la aplicación de leyes rigurosas que permitan su pacificación. Es el escarmiento para impedir que otros caigan en la tentación de delinquir. Estas actitudes de los gobiernos cada vez menos gobiernos en la regulación de las barbaries de la macroeconomía han estructurado la teoría que ve en la sanción extrema externa el elemento característico de la norma jurídica, la penalización no como reacción cualquiera al comportamiento desviante sino el conjunto de coacciones cuya finalidad es precisamente el castigo de aquellos que ponen en peligro las actuales formas estatales y de poder vigentes. En este sentido la definición del derecho en función de la sanción externa y organizada parte de la esencia omnímoda y represiva del Estado, como quasi única función actual del mismo. Bolivia en eso es un ejemplo para el mundo. Frente a esta teoría, las críticas que pudiera hacérsele a este Estado sólo alcanza a los aspectos marginales, que dependiendo de su fuerza de contestación será obviada o criminalizada y finalmente reprimida. Pero está comprobado que las leyes draconianas además de hurtar vidas no disminuyen las conductas antisociales; las aumentan, mantiene estacionarias o adaptan a las formas represivas vigentes.
Por eso, entre estas dos “autoridades”, aquí me encuentro, construyendo...


Son ya tres años desde aquel cruce de miradas valientes en la movilidad. Y quien quiera verles, que vaya. Camino del lago más alto, camino del Titicaca, en la zona conocida como el señor de las Lagunas. Allí andan, allí caminan. Con el orgullo de saber que hay esperanza.

El gas como actual relato de la nueva economía boliviana
En Vallehermoso, un barrio desolador de la hermosa Cochabamba de la laguna Alalay, las mujeres lavan arrollidadas las ropas de su gente en un riachuelo inmundo donde la empresa de gas vierte nada bueno con total impunidad. El gas. Hay quienes hablan sólo de los posibles puertos de salida. Otros quieren convencer a los bolivianos de esa “mina de oro”, mientras muchos ya hablan de que no conviene el precio. Algunos ciudadanos y ciudadanos, habitantes de Tarija –la llamada Andalucía del Sur fronteriza con Argentina- parece estar felices, porque los yacimientos están allí debajo, bajo los pies que otrora vieron trotar al “moto” Méndez, aquel que les devolvió la dignidad de ser indios. Los estudiosos andan preocupados; los que mandan en el Perú ofrecen alternativas, cuando los gobernantes en Chile y las empresas transnacionales, con la complicidad de políticos bolivianos ya tienen redactado el contrato.

Carlitos Mamani juega en lo alto de un deshojado árbol en Vallehermoso. Su mamá está lavando. Está esperando que alguien le eche una mano en su ojo. Anda tuerto por un virus.
- ¡De aquisito, del río, parece! , dice mientras juega con sus amigos, a Tarzán.

Me cuentan que el río y toda su porquería ha enfermado a miles de cochabambinos. Ni-ños y niñas mayormente. Aquí no hay agua corriente para beber. Unos camiones cisterna pasan de vez en cuando. Las mujeres salen de sus casitas de adobe con varios cubos sostenidos de sus manos, de sus cabezas de trenza sin borsalino. Compran esta agua bebible con el dinero que dejan de gastar para dar de comer a su gente. Este negocio del agua potable es un sucio negocio consentido por el anterior alcalde, Manfred, el que fue candidato a la presidencia boliviana por el NFR (Nueva Fuerza Republicana). Penan para beber. Beben para sobrevivir. Pagan a precio de oro su supervivencia para que no decaigan los presupuestos del Banco Mundial que ellas no conocen. Carlitos Mamani se está quedando ciego por el virus desconocido.

Del otro lado de Cochabamba existe un Centro crítico que trata de aglutinar a la gente; ofrecer formación y acción comunitaria. Para, juntos, ahondar en la raíz de los problemas, explicar lo que pasa e intentar haer algo. El espacio donde reflexionan atiende por CEDIB (Centro de Documentación e Información Boliviana) y en sus estudios concienzudos puede leerse: “que los negocios más rentables del mundo son las armas, el petróleo, el gas y las drogas. Es decir la exportación, transporte y distribución de estos negocios. Y es que la mayoría de las guerras del último siglo se dieron a raíz de la explotación de estos recursos, llamados hidrocarburos, en todos los rincones del planeta. Con el incremento del consumo de energía en las industrias, transporte y en el uso doméstico, la demanda crece, mientras las empresas transnacionales buscan sus estrategias para aprovechar de estos recursos en forma barata y por muchos años”.

En Tarija hay gas natural. Mucho gas natural.
El gas natural se obtiene en yacimientos subterráneos de petróleo y gas, ambos hidrocarburos son recursos energéticos no-renovables que al quemarse emiten dióxido de carbono (CO2) que afectan el clima de la tierra. El gas natural puede ser comprimido y licuado para ser transportado de una planta de licuefacción (GNL) a los centros de consumo. Del petróleo liviano y pesado se produce asfalto, gasolina, diesel, gas licuado de petróleo y kerosene. A nivel mundial existe un incremento fuerte en cuanto al uso de gas natural, aunque en Bolivia –teniendo grandes reservas- no hay políticas al respecto, ni para el uso domiciliario (el pueblo boliviano, ese 85% que vive por debajo del umbral de la pobreza severa, no tiene calefacción), ni para el parque automotriz, ni para la generación de electricidad. El consumo de gas natural en el mundo se ha triplicado en los últimos treinta años, a la par que las reservas mundiales de gas natural se han incrementado a pasos gigantescos, según datos del International Energy Outlok en 2001.

El Ministerio de Desarrollo Económico boliviano difundió por Internet un mapa de América Latina con datos de enero del 2002 en que Bolivia aparece con 52 TCF (trillones de pies cúbicos), muy por encima de os demás países, como Argentina, que está registrado con 25,7 TCF. Aquí se manipula muy sutilmente la información, ya que para hacer aparecer a Bolivia con muchas reservas que se deben exportar ya se ha sumado solo en le caso de Bolivia las reservas probables a las reservas probadas. Bolivia, a pesar de estar exportando diariamente más de 350 millones de pies cúbicos de gas a Brasil, en las actuales condiciones los beneficios no llegan al bolsillo de los bolivianos. Y esto es así porque el 49% del territorio boliviano es área de interés hidrocarburífero. Antes de la capitalización –entre 1985 y 1995- YPFB (empresas de gas y petróleo boliviano) aportaba anualmente con 350 millones de dólares al estado boliviano; de todas las ganancias la mayor parte no fue reinvertida en YPFB. Antes de la capitalización los precios del gas y petróleo fueron fijados en Bolivia. Antes de la capitalización YPFB ya descubrió varios campos hidrocarburíferos con millonarias inversiones. En el periodo 1992-1997 y durante el gobierno del actual presidente boliviano, Gonzalo Sánchez de Losada (MNR) hubo contactos con Chile para proveer de gas. An abril de 1996 se elabora una nueva Ley de Hodrocarburos. Y el 5 de diciembre de 1996 se realiza la capitalización de YPFB. En el periodo 1997-2002 y durante el gobierno de Banzer y Quiroga (ADN) empresas privadas descubren nuevos campos.

Así hasta que en diciembre de 1999 se realiza la privatización de las refinerías de YPFB. Bolivia perdió la propiedad de gas y petróleo. Son nominalmente dueños de menos del 50% de las empresas Andina, Chaco (exploración y explotación) y Transredes (transporte). Las petroleras transnacionales administran y no rinden cuentas a los bolivianos. Con la nueva política de hidrocarburos los ingresos para Bolivia del sector bajaron drásticamente. Fueron despedidas 3000 personas y se abrieron las puertas de par en par para los inversionistas, que ahora son dueños de todo el negocio. La rentabilidad en la industria de petróleo y gas en Bolivia es sumamente alta: pro cada dólar invertido, una empresa petrolera gana 10 dólares, declaraciones éstas hechas por Roberto Maella, ejecutivo de Repsol YPF en Bolivia.

Y mientras en Yucumo, en plena amazonía, allí donde el sol enrojece y calienta en la alborada, el “Pichón” masca coca. Me mira cuando amanece y señalando un recorte del diario de ayer, menea la cabeza como no queriendo ver. Nos conduce hacia la belleza del Beni, afluente del Mamoré, a su vez hijo mayor del Amazonas. Masca coca y lejía porque no quiere dormirse conduciendo su desvencijado taxi, años setenta. Acaba de salir de trabajar de una empresa de gas. Privada. No duerme desde hace tres días. ¡El nuevo patrón!

Y ahora, Bolivia vive el colapso de su sistema político
La masacre de campesinos y el convulsivo clima social que se ha desatado en el país es solo un reflejo del total colapso del sistema político boliviano. En el Altiplano hay clima de guerra y se vive una crisis económica terminal, una profunda crisis estructural y un colapso del sistema político, dicho por el propio vicepresidente de le Asamblea, Sacha Llorenti, al evaluar las consecuencias del agravamiento de la crisis social.
“En Bolivia la gente sale a las calles a protestar para lograr la atención de sus necesidades básicas, pero la respuesta del gobierno es la violencia. Hay una lógica permanente de resolver los conflictos y esa lógica es la violencia”, ha comentado Felipe Quispe, uno de los dos ejecutivos de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), tras los sucesos en la localidad de Warisata, en las cercanías de Achacachi, reducto fuerte del “Mallku”.
Fuerzas combinadas del Ejército y la policía ya han abierto fuego contra los campesinos, estudiantes y maestros de la Normal rural de Warisata, que estaban bloqueando los caminos del Altiplano, reclamando la libertad de un dirigente campesino y en oposición a un millonario proyecto de exportación de gas a Estados Unidos, que dejará ingentes ganancias a las transnacionales del petróleo, pero solo migajas para el Estado. Ya hemos hecho referencia anteriormente a esto.

Los últimos informes oficiales establecen que en la “masacre del Altiplano” cayeron acribillados cinco civiles (entre ellos una niña de ocho años) y dos militares, así como una veintena de heridos a bala, la mayor parte de ellos campesinos y estudiantes. Una práctica que se ha vuelto común en Bolivia: desde 1985, año que se instaura en el país el modelo de libre mercado, se han producido 190 muertes en conflictos sociales, más de seis mil heridos y más de 10 mil personas detenidas indebidamente, según el recuento del organismo defensor de los derechos humanos. A estas horas, el número de muertos es mayor y la represión militar va creciendo de forma dramática.
En la zona de la última masacre, se vive un clima tenso, según el corresponsal de la católica Radio FIDES. “Los militares están apostados en los cerros aledaños a Achacachi, evitando los bloqueos. Los campesinos se han declarado en duelo y han decretado un estado de sitio contra militares y policías, que no pueden circular por la zona”.

Los campesinos de Achacachi, una región tradicionalmente respetada por la ser la cuna de valerosos guerreros aymaras, lanzó un manifiesto a la nación en la que da cuenta de la organización del alto mando de la resistencia civil, algunos de los cuales estarían precariamente armados con viejos fusiles Mauser y otros de bajo calibre.

En apoyo de los campesinos, dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) anunciaron la adopción de medidas de defensa: “No vamos a permitir que se masacre impunemente a nuestros hermanos campesinos”, aseguró el principal dirigente de la COB (Central Obrera Boliviana) , Jaime Solares.
En el mismo tono, el diputado y jefe del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, demandó la inmediata renuncia del ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, acusado de ser el principal responsable para que los militares hubiesen abierto fuego contra los civiles.

Sin embargo, Sánchez Berzaín fue inmediatamente respaldado por el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien asumió la responsabilidad de todos los sucesos del sábado. “Las tropas no se mueven ni actúan sin la orden del Capital general de las Fuerzas Armadas”, dijo ante las cámaras de televisión.

Como justificativo de la violenta actuación militar, Sánchez de Lozada aseguró que las tropas habían sido emboscadas y atacadas por grupos irregulares de campesinos armados. Esta versión fue ampliamente difundida por las autoridades. “Hay grupos civiles con armas y con una estrategia militar definida, lo que nos hace pensar que hay una estructura militar organizada de grueso calibre entre los sindicatos campesinos dirigidos por Felipe Quispe”, acusó el ministro de Salud, Javier Tórrez. Esta acusación fue rechazada, sin embargo, por el propio “Mallku”, un estudioso de la historia nacional y ex guerrillero indigenista en los años 80. “Si hubiésemos estado armados como dice el gobierno, no hubiesen masacrado a nuestros hermanos”, dijo al convocar a los campesinos del occidente a seguir bloqueando los caminos, pero cuidando con no ser masacrados por los militares.

La convocatoria del “Mallku” tuvo parcial eco en los caminos del Altiplano, especialmente en las primeras horas de este lunes en la zona del Lago Titicaca, Achacachi y en la carretera a Oruro y Cochabamba, la principal de Bolivia.
En estas regiones se vive una tensa calma, tras los enfrentamientos y la amenaza por el presidente Sánchez de Lozada de no permitir nuevos bloqueos de caminos. “Las Fuerzas Armadas van a actuar”, sentenció el gobernante que ostenta el triste récord de tener la mayor cantidad de muertos entre los presidentes bolivianos elegidos a través de la vía electoral.
Muchos medios de comunicación tratan de hacer ver a los aymaras que una masa de ignorantes son manipulados por sus dirigentes, mientras que el gobierno trata de hacerlos ver como vándalos antidemocráticos, peor aún, como terroristas. Lo cierto es que las comunidades aymaras han dicho “No” a la exportación del gas, al igual que una gran mayoría del pueblo boliviano, y las élites quieren regalarlo a las transnacionales.
Tras la violenta masacre del sábado 20 de septiembre, y ya con mayor circulación de información, se plantearon muchas preguntas, una de ellas la que hizo el presidente de la asamblea Permanente de Derechos Humanos: “¿cómo es que una niña de 8 años podía estar en la emboscada?”

También se generaron una serie de explicaciones por parte del gobierno, pero la indignación popular, al exigir explicaciones mucho más fundamentadas, fue decantando lo secundario y dejó más o menos al descubierto que los aymaras defendían el gas, que exigían que el gobierno cumpla sus compromisos y que en Bolivia el sistema político “de partidos” ya está agotado; que la participación directa de la gente es imprescindible para que el Estado se preocupe por sus habitantes. También quedó al descubierto que el gobierno no puede gobernar si no es a punta de bala, que la crisis del modelo impide cualquier atención económica del Estado, aún de los sectores más pobres, que el colonialismo ignora por completo los derechos humanos de los pueblos indígenas y que el gobierno quiere regalar el gas a las multinacionales, como ya hemos explicado anteriormente.
Frente a esta situación, los distintos sectores que conforman la sociedad, fueron tomando las posiciones respectivas de acuerdo a su naturaleza y a sus intereses. La oligarquía está intentando contraponer las movilizaciones por la defensa del gas en todo Bolivia.

El ejemplo de la feria de Santa Cruz es evidente y paradigmático. Ala feria de Santa Cruz se la ha vendido en los medios masivos de comunicación como un paraíso de desarrollo y trabajo. Habría que recordar a la oligarquía boliviana que el desarrollo de Santa Cruz fue impulsado por la transferencia de excedentes del sector minero de occidente a través del Plan Bohan, llamado Plan Guevara después de la revolución del 52, para que la economía boliviana se diversificara, y el resultado fue: indígenas despojados de su tierra, obligándoles a trabajar en cuatro hectáreas - mientras que una vaca en el oriente tiene 20 hectareas para pastar-. Consecuencia: empobrecimiento total en el occidente y empresarios ineficientes que exportan con subvención del gobierno. El trabajo y el esfuerzo en Santa Cruz no es de la oligarquía, es del pueblo: campesinos, obreros, peones, maestros, que también defienden el gas.

Los medios de comunicación más que nunca tratan de dar el mensaje de que los paros y los bloqueos son perjudiciales para el país, que las protestas son realizadas por masas de gente que no sabe bien de los problemas en Bolivia y que sólo se movilizan para causar desorden y caos. Se ha llegado a decir en la televisión pública que la gente se movilizó en la gran marcha del viernes y que bloquea caminos, sin tener la más mínima idea de lo que es valor agregado o exportación. ¿Es que gran parte de los periodistas que difunden noticias muestran profesionalidad en el tema del gas? Además, es un acto de morbosidad colonial y de profunda ignorancia, querer comparar las formas del conocimiento de todos los pueblos, más aún del aymara, con conocimiento tecnocrático.

Si bien el pueblo antes no opinaba nada sobre el gas, porque las negociaciones fueron realizadas en secreto, en cuanto se ha enterado de cuestiones muy generales, se da cuenta inmediatamente que es una nueva entrega de los recursos de su país. El pueblo sabe lo que pasará, porque no solo lo mira como un problema de negocio, en el cuerpo del pueblo está inscrito el sufrimiento y la muerte de millones de personas que ya vendieron la plata, la goma, el estaño, y jamás recibieron nada más que luto. En sus memorias quedan los intereses de las transnacionales que les llevaron a enfrentarse con otros pueblos hermanos, y que siempre perdieron guerras, territorios y recursos.

En el pueblo aymara, además, hay otros factores que les permiten conocer el problema y movilizarse. Para las comunidades aymaras, donde los cargos políticos son rotativos anualmente ya que todos asumen la dirección, y donde las decisiones se toman en asambleas de la comunidad, y donde mujeres, niños, ancianos y varones, todos participan en las decisiones, donde no hay mercado electoral, es contradictorio imaginarse que un presidente o los que ocupan cargos en el gobierno, decidan sin consultar la opinión de la gente sobre un recurso tan importante para el país. Para muchas de sus comunidades existe la circulación no mercantil del trabajo y de los bienes (el ayni, minka, partira y otros), comunidades en las que la forma de organización de la producción define otros valores en el intercambio: la reciprocidad (a través del trueque no mercantil entre productores de distintas comunidades). En un trueque, un productor jamás pretende obtener más valor del que recibirá a cambio.

Para estas comunidades que viven con armonía con la naturaleza, para quienes la Pachamama (la tierra y sus recursos) es la extensión inorgánica de su cuerpo, con quien mantienen un diálogo permanente, a quien ofrecen trabajo a cambio de los productos que reciben, es difícil imaginarse ¿cómo un presidente puede vender a la madre tierra? ¿cómo explotarla en vez de dialogar con ella para obtener sus frutos? Esta es la forma en que los aymaras saben que NO quieren exportar el gas, esta forma de la lógica aymara es algo que jamás entenderá el colonialismo, ya que todo lo que mira lo hace a través de sus deformadas retinas racionalizantes.

Por su parte, el gobierno pretende hacer ver a todos los movimientos sociales como terroristas, es la criminalización de todas las reinvindicaciones sociales. Esto no es un invento boliviano, esta es la política internacional norteamericana que es aplicada por los aplicados neoliberales del gobierno boliviano. Sin embargo, es importante volver a aclarar algunos puntos. En primer lugar, el gobierno no respondió a una emboscada, pues el operativo se inició en la mañana cuando se allanaron casas y se hicieron disparos. En segundo lugar, el Ministro de Agricultura había llamado a un dirigente para instaurar el diálogo que, máximo, sería hasta el día lunes, el gobierno eligió la masacre y no el diálogo. En tercer lugar, el bloqueo fue anunciado con anticipación. El gobierno podía evacuar a todas las personas que quería con anticipación, un bloqueo no es la toma de rehenes, a pesar de ello el gobierno podía realizar la evacuación a través del diálogo y no lo hizo. En cuarto lugar, unos cuantos campesinos aymaras armados con los máuseres que velaron la democracia después del 52, no pueden emboscar a grupos de élite custodiados por aviones y helicópteros que abrieron fuego. En quinto lugar, las reivindicaciones del bloqueo son legítimas, el gobierno tenía la obligación de atenderlas hace varios años.
Estos son los motivos que muestran que el pueblo boliviano no son una masa de ignorantes ni terroristas. Un pueblo que pese a la extrema pobreza y miseria a la que está siendo confinado durante siglos tienen una vida comunitaria digna, una cultura muy rica que es una alternativa global frente al decadente capitalismo, y que tienen el valor de alzarse contra el gobierno que los vende, que los mata, solícito gobierno actuante al dictado de los intereses de las multinacionales norteamericanas y europeas, que no son otra cosa que los intereses del consumo irracional y asesino de este lado del que escribo esta crónica.

Y alguien que sabe ver, una mujer – Noelia del Potro- que ha pateado este país y se ha metido en su barro, me escribe un correo y al final de su relato me cuenta que
...En la noche, cuando sin saberse cansada regresa, su voz se alza entre las calles sucias y malheridas, llenas de rastros de violencia y lamento, para que no oigamos el grito de su estómago vacío. Ella eleva su canto al cielo donde el dios de los doloridos llora porque no es más que el recuerdo de los hombres que un día creyeron que aquel hombre loco les sacaría del fango del mundo. Llora emocionado porque escucha una voz tan bella que los estómagos del mundo entero dejan de gritar de hambre y se calman y se duermen hasta que legue el nuevo día.

Gonzalo Romero Izarra
Miembro de la Asociación Cultural Candela.
Profesor de la Universidad de Alcalá.
Área de Educación, exclusión y menores de la
Asamblea del Movimiento Antiglobalización




Bibliografía consultada para elaborar este relato

CALDERÓN, F-LECHNER, N. (1998). Más allá del Estado, más allá del mercado. Plural. La Paz.

CÁRDENAS, R. (1998). Matanza del nuevo poder minero. Pueblo. La Paz.

CEDIB. (2002). 30 días de noticias. Junio.

GARCÍA, A. (1999). Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia. Comuna. Muela del Diablo. La Paz.

GIRONDA, E. (1998). Sociedad, Estado y globalización. Druck. La Paz.

GIRONDA, E. (2001). Coca inmortal. Plural. La Paz.

IRIARTE, G. (2001). Análisis Crítico de la Realidad. Compendio de datos actualizados. Cepromi. Cochabamba.

http://bolivia.indymedia.org/es/2003/09/2617.shtml


 

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