martes, 22 de agosto de 2017

EL EURO COMO PROBLEMA

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EL EURO COMO PROBLEMA

Las reformas y ajustes de los últimos 8 años que, en nombre de Europa, han ejecutado los sucesivos gobiernos de España, no han resuelto el problema del paro: hoy tenemos 3 millones menos de ocupad@s que en 2007 y la cuarta parte de l@s trabajador@s -y la mitad de los jóvenes- no encuentran empleo. Tampoco han reducido la desigualdad: por el contrario, los salarios han descendido una media del 17%; sólo el 8% de los 17 millones de contratos de 2014 son indefinidos; la vida media de los contratos ha pasado de 78,5 días en 2007 a 53,2 días en 2014.

Las políticas de la Troika (BCE, FMI y Comisión Europea) no reactivan la economía, no reducen el Déficit Público y no contienen la Deuda Pública pero sí aumentan la precariedad, la pobreza y el poder de bancos, grandes corporaciones y políticos a sueldo. Estas políticas han supuesto una verdadera devastación para la economía y la sociedad griega: caída del 25% de su producto interior, despidos masivos de trabajador@s públic@s, recorte de más del 50% de salarios y pensiones y catástrofe sanitaria por la quiebra del sistema de salud. Cada nuevo “rescate” es un avance del modelo neoliberal que destruye las conquistas sociales de los últimos 65 años en Europa.

El pueblo griego ha votado mayoritariamente a Sryriza, coalición que propone defender los derechos de los ciudadanos frente a las imposiciones de bancos, instituciones europeas y gobiernos vasallos. La burocracia europea y el bipartidismo español califican este ejercicio de contención y democracia como “apelaciones populistas de brocha gorda”. El nuevo gobierno griego ha declinado la condonación parcial de su deuda pública para facilitar la negociación con las autoridades europeas y, en cumplimiento de su programa electoral, ha activado un plan de emergencia social. El BCE ha respondido cerrando el crédito a los bancos griegos, medida que pone de manifiesto la injerencia de las instituciones de la Moneda Única en la soberanía de los pueblos y los estados.

En España, el presidente del gobierno ha aconsejado “no jugar a la ruleta rusa con Podemos”. Cuando las mayorías sociales se atreven a elegir a gobiernos respetuosos con la soberanía nacional y las libertades fundamentales, los gobiernos corruptos amenazan con la violencia si se vulneran los acuerdos internacionales que ellos han firmado hipotecando la economía nacional y las necesidades del pueblo trabajador. Ante esta amenaza hay que tomar partido. Para empezar, no votando a quienes sustentan un régimen que, usurpando el calificativo de “democrático”, no lo es. Pero también, creando una marea democrática que, desde la participación social y las instituciones, prive a los beneficiarios de un régimen agotado, antidemocrático y corrupto, de su capacidad para atentar contra los derechos humanos, el imperio de la ley, el pluralismo político y la independencia nacional.

 

Agustín Morán, CAES, febrero 2015

 

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