jueves, 25 de abril de 2019

Intereses y razones

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Simétricamente, la ortodoxia de izquierdas, prisionera de una lectura liberal e ilustrada de Marx, piensa que el proletariado, al perseguir sus "intereses de clase", redimirá a toda la humanidad, construyendo una sociedad igualitaria.

Tan falso es el argumento del Capital, incapaz de garantizar seguridad y bienestar a la mayoría de la humanidad, como la especulación del imaginario militante. ¿Cómo es posible construir la vida en común mirando sólo hacia el egoísmo de cada uno? ¿Cómo una clase social puede estar providencialmente destinada a liberarse y con ello, liberar a toda la humanidad? ¿Cómo se compadece esta afirmación con las mayorías asalariadas, silenciosas, obedientes y consumistas de las dictaduras parlamentarias del capital en el primer mundo?

Lo que sale del juego de los "intereses" es la lucha de todos contra todos y una estructura social neocorporativa que esteriliza el poder constituyente de las luchas populares. El desorden competitivo exige aparatos externos a la sociedad que limiten las agresiones mutuas y, de paso, mantengan los privilegios de los beneficiarios. La gestión de los "intereses" como estrategia principal de la izquierda, rompe la relación entre la acción de cada cual y sus consecuencias, legalizando como “normal” que los de abajo queramos vivir como los de arriba y que cada uno se ocupe sólo de su propio interés, desconociendo el carácter cualitativo e indivisible de la seguridad y el bienestar que, o son colectivos, o son imposibles.
Los dogmas “obreristas” garantizan que, aunque yo viva como un borrico consumista, solo con ser obrero tengo asegurado un destino revolucionario. Así ya no hace falta estudiar, ni pensar, ni investigar, ni construir a la clase obrera como una realidad política antagonista. Sólo con ser obrero se es portador de los "intereses de clase". Pero, ¿qué intereses? ¿Los del parado de larga duración que desea que se flexibilice a los fijos para tener más oportunidades? ¿Los del fijo que se beneficia del colchón de los precarios para que la inestabilidad de la empresa no le alcance a él? ¿Los de los hombres que se aprovechan del trabajo de cuidados que realizan de forma “natural” las mujeres? Defender los intereses es necesario, pero no suficiente. La gestión sindical de “los intereses” es sólo un viaje dentro de la lógica del mercado. Y del mercado sólo sale más mercado.
Sin defender los legítimos "intereses", prometidos cínicamente y luego negados por el poder - tanto de derechas como de izquierdas - sólo quedan los discursos ideológicos. Pero, olvidarse de la ideología, implica asumir la ideología del enemigo e impide transformar las conciencias, unir lo diverso, expresar lo aplastado y acumular fuerzas contra el capital. Además de los “intereses”, en la acción sindical - sobre todo en las movilizaciones - hay que incorporar razones, críticas, discursos y valores. Concebir la libertad no como disponer del dinero que me permita satisfacer mis deseos en el mercado, sino como la lucha por liberarnos del trabajo basura, la comida basura y el sindicalismo basura.

Estas razones nos van a separar de un sector de la gente, pero son las que nos constituyen como algo alternativo que, estando dentro, avanza también desde fuera de la lógica del capital. No hay un hilo conductor entre los "intereses" y una vida segura y libre para tod@s. El único hilo conductor entre la esclavitud y la libertad es la aspiración de lo común, la vocación constituyente, la actividad cotidiana de tejer el vínculo social, el desafío de los que se atreven a rebelarse contra la injusticia y las mentiras de los regímenes parlamentarios de mercado.


 

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