Orígenes obreros y revolucionarios del 8 de Marzo

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La historia del 8 de marzo. Día internacional de las mujeres trabajadoras.

Los orígenes históricos de la convocatoria del '8 de Marzo' no corresponden a un acontecimiento puntual, sino a una sucesión de varios hechos, en varios países que se van acumulando desde que se inicia el siglo XX hasta 1914. Se aúnan sucesos dramáticos, como varios incendios en fábricas con cientos de mujeres y niñas carbonizadas, con huelgas y revueltas reivindicativas revolucionarias, laborales, antimilitaristas, pro derecho a la libertad de imprenta, de expresión, de asociación y de huelga, entre otras exigencias.

Actualmente, existe una gran confusión, muchas veces intencionada, otras debida a la falta de información, de investigación histórica y por copiar lo se cuelga en Internet sin contrastar la información que se reproduce. Estamos asistiendo al cuestionamiento de los hechos históricos verídicos acusándolos de mitos ficticios e irreales. El relativismo histórico postmoderno ha tomado la delantera. A tal punto que en relación a los orígenes del 8 de Marzo, se está negando que hubiera habido ningún incendio en fábricas o que se produjeran huelgas generales fortísimas protagonizadas por mujeres, en particular en el Estado español, porque según este revisionismo de la historia social por aquel entonces “apenas había industria y las mujeres no se habían incorporado al mercado laboral hasta la década de 1930”.

Al incluir 'Día Internacional de la Mujer Trabajadora' se hace referencia a lo que históricamente se reclamó con acierto. La gran polémica en torno al 8 de Marzo, a finales del XIX y principios del XX, no estaba situada, por un sector mayoritario, con la amplitud de aspectos que la entendemos hoy día.

Entonces, la confrontación principal se situaba en que el sector más avanzado de mujeres estaba implicado en las luchas obreras por la transformación social y las explotadas del mundo eran las protagonistas. Leyendo los artículos de prensa que se escribían en la época, de distintos países, se puede comprobar esta afirmación.

Propugnaban huelgas generales muy duras y prolongadas, donde las mujeres aprendieron a organizarse: desde Igualada en Barcelona, pasando por las cigarreras sevillanas y madrileñas hasta las norteamericanas que formaban piquetes callejeros de nuevo cuño: móviles y en línea para enfrentarse a las esquirolas y a las tropas policiales que les protegían para entrar a trabajar mientras arrestaban a las huelguistas. Miles de mujeres se enfrentaban a la policía pasando temporadas en la cárcel.

Nuestras antecesoras fundaron sindicatos "antisistema" mixtos, de tendencia anarquista y socialista revolucionaria, entre ellos, Industrial Workers of the World —Trabajadores Industriales del Mundo— (IWW o Wobblies) con sus “Grandes Huelgas". Fueron las pioneras en incorporar el concepto de la “emancipación” femenina en otros muchos frentes de opresión, además del laboral. Eran muy avanzadas y ya entonces luchaban por la abolición del trabajo asalariado por considerarlo esclavista. Iban más allá de las reformas laborales y sociales.

Emma Goldman, Lucy Parsons, Voltairine de Cleyre o Elizabeth Gurley Flynn hacían una crítica a todos los variados sistemas de poder que se encadenan dentro de lo que llamamos El sistema. Fueron las primeras en relacionar el sexo, la raza y la clase social para hablar de la emancipación femenina en estos tres frentes de opresión, pero siempre desde una óptica de defender a las desposeídas, a las pobres de las pobres. Y esas eran las obreras industriales, a veces trabajando, a veces paradas y también organizadas contra el paro, a veces en casa realizando el trabajo doméstico y exigiendo en las calles pan y otros alimentos, pero siempre “esclavas del marido, de los hijos, de la Iglesia, sus preceptos y moral, del patrón y del burgués”, según ellas mismas explicaban.

Otro sector más moderado y reformista de mujeres quería el Día de la Mujer para reclamar el voto femenino, pero sin cuestionar el capitalismo ni el patriarcado. Actualmente, puede leerse cansinamente y se sigue repitiendo que el 8 de Marzo fue iniciado por las sufragistas. No es cierto, aunque también ellas organizaron sus actos en torno a esa fecha. De ahí la importancia de las imágenes del cartel y los datos que se proporcionan.

El 8 de Marzo ligado a la “Liberación de las mujeres” con la amplitud de contenidos que entendemos hoy, fue asumido de manera generalizada en un tiempo posterior. La efervescencia la impulsó el movimiento feminista underground norteamericano de 1968-1975, del Mayo francés de la misma época o en el Estado español, entre 1977 y 1986, con el nacimiento y consolidación de los movimientos feministas de la tercera ola de mujeres hispanas.

Las feministas sociales de hoy somos herederas de todas estas luchadoras que nos han precedido. Hablamos de patriarcado como uno de los más importantes sistemas de poder y dominación que se han instalado en distintas etapas históricas.

En la actualidad, el 8 de Marzo, no es un día de huelgas generales de las mujeres trabajadoras, paradas, precarias, aunque haya motivos para ello; no es un día de piquetes tensos en las calles. No hay algaradas multitudinarias exigiendo ni la abolición del trabajo asalariado ni del patriarcado ni del sistema que actualmente le cobija: el capitalismo.

En el Estado español, coreamos consignas muy merecidas contra la Conferencia episcopal y por el derecho al aborto libre y gratuito. Pero ya es hora de añadir a nuestros eslóganes el concepto de soberanía individual y de autodeterminación del cuerpo y las mentes de las mujeres. Mundialmente, el cuerpo femenino sigue siendo nuestro campo de batalla. Se le explota brutalmente, se le vende, se le viola, se le maltrata, se le medicaliza a través del sistema médico-industrial farmacéutico, se le asesina por falta de alimentos y hambrunas o con una alimentación basada en la comida basura, se le distorsiona con un concepto de belleza y juventud que sólo nos produce enfermedades psíquicas –anorexia, bulimia, depresión–, frustración, complejos, embrutecimiento y rivalidad entre nosotras. Por los miedos que nos inculca esta sociedad y por las tradiciones, a nuestro cuerpos también se le hiere y se le mutila. En países africanos, musulmanes y árabes, con la ablación del clítoris; en los países occidentales con las generalizadas operaciones de cirugía estética, aumentos de pecho, “rejuvenecimientos” clitorianos y vaginales. Sin olvidar las cesáreas innecesarias en muchos partos y las histerectomías prescindibles, abriéndonos y cerrándonos en canal.

Debemos hacer hincapié en relacionar la globalización económica con nuestros actos cotidianos como mujeres y con nuestra responsabilidad social y ética. Criticamos con razón que los cuidados recaen sobre nosotras, pero nos “liberamos” de ellos endosándoselos a otras mujeres que necesitan realizar ese trabajo para subsistir. Son mujeres, de cierto estatus social e incluso trabajadoras, las que se aprovechan de las mujeres inmigrantes o autóctonas que tienen en sus casas como asistentas, limpiadoras, cuidadoras de sus hijos o de sus ancianos.

Otra cara de la misma moneda es el consumismo compulsivo del que somos participes las mujeres a costa de la explotación de las pobres entre las pobres, que son las niñas/niños y las mujeres de los países más empobrecidos que elaboran los artículos que cada una de nosotras consumimos sin pestañear. Por eso no viene nada mal recordar lo de ‘Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras’, entendiéndolo como forma de posicionamiento, siempre con las de “abajo”. Si bien es cierto que el propio concepto “trabajadora” ha perdido su identidad originaria ya que gran parte de la clase obrera ha huído de su orgullo de clase y pertenencia a la misma, y de aspiraciones emancipatorias. Pero ese debate daría para otro artículo.

Descifrar todas las violencias que se ejercen contra los que más sufren y en especial contra las mujeres y las niñas/niños, debería ser una de las tareas pendientes de los feminismos sociales actuales. Así como buscar e identificar las estructuras de autoridad, jerarquía y dominación en cada aspecto de la vida cotidiana, y descifrarlas para desmantelarlas y aumentar el campo de autonomía y libertad no sólo de las mujeres sino de todas las personas y seres vivos. Este desmantelamiento debe apuntar desde las tiranías domésticas y familiares hasta las internacionales, desde las relaciones entre hombres y mujeres, hasta las relaciones entre las mujeres y mujeres, ya que todas hemos vivido abusos de poder por parte de otras congéneres debido a su posición social o estatus grupal; debe incluir de igual modo la homofobia, el racismo, el especismo y la tortura hacia los animales, la ecología y el control popular de frutos de la tierra, devastados y modificados genéticamente. Tenemos el deber de desafiar y desobedecer al control y la coerción de las grandes instituciones del Estado: el poder político y económico, la propiedad, la banca, las multinacionales, con sus directivos y directivas, el Ejército y un largo etcétera.

Más información en: La linterna Sorda, Ediciones.

De Ana Muiña, el libro: Rebeldes periféricas.