jueves, 19 de octubre de 2017

Por un voto de izquierdas libre

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alt En España, los grandes propietarios – y la trama de polític@s, juez@s, academíc@s, periodistas e intelectuales que les sirven- no alcanzan el 20% del censo electoral. Sin embargo, la derecha tradicional -representante de un capitalismo golpista, machista y xenófobo- ha superado (en épocas de crecimiento) la mayoría absoluta. Esto significa que millones de trabajador@s, autónom@s y amas de casa, hombres y mujeres del campo y la ciudad, han interiorizado el principio capitalista de ¡enriqueceos a cualquier precio!

En épocas de crisis -a pesar de su libertad para comerciar, competir, expoliar, contaminar, privatizar y precarizar- cae la tasa de plusvalor de las grandes corporaciones transnacionales. Entonces la derecha, siguiendo su propia naturaleza, aplica ajustes y recortes tan injustos como ilegales contra el pueblo trabajador, incluyendo el segmento popular de su propia base electoral. Esto debería suponer una oportunidad para la izquierda, pero no es así.

La base popular de la derecha no ha sido educada –ni por la derecha ni por la izquierda- para luchar contra un capitalismo excluyente sino para participar individualmente en la fiesta consumista globalizada. Ha visto que la izquierda mayoritaria critica las políticas de derechas desde la oposición pero las aplica cuando gobierna. Sabe que una socialdemocracia cómplice de abusos y corruptelas, desarmada por la globalización que hace imposible el keynesianismo, agotada y dividida, ya no puede cumplir sus promesas. Por eso votó a la derecha y, ahora, una parte desengañada, vota -quizá con culpabilidad- a candidaturas que le prometen volver a los buenos tiempos del pleno empleo aunque sea con mano  dura contra extranjer@s, excluid@s y mujeres que exigen igualdad. Existe una relación causa-efecto entre la metamorfosis de la izquierda en una nueva marca electoral de la derecha y el crecimiento de la base electoral de la extrema derecha.

El vacío de alternativa a la extrema derecha y a la derecha se explica por la hegemonía neoliberal, globalizadora y proyanqui en los partidos socialistas que impide la cristalización de una gran coalición popular, democrática, ecológica y feminista. En España, un bloque popular articulado en torno a Podemos y sus fuerzas coaligadas en alternativas territoriales respetuosas con el derecho a decidir de los pueblos, nos salva del chantaje de elegir entre una derecha explotadora, españolista y belicista y una izquierda cómplice. Los verdaderos socialistas sólo podrán contribuir a un cambio social rompiendo con el cadáver neoliberal al que están abrazados. Al no hacerlo, son los responsables del gobierno de la derecha y del crecimiento de la extrema derecha.

Para frenar a la extrema derecha no hay que votar a la derecha sino crear las condiciones para votar a una verdadera izquierda. ¡Basta ya de chantajes!


Agustín Morán, CAES, mayo 2017

 

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